Ni las relaciones con Perú son tan promisorias, porque dependen de una emisión televisiva, ni las autoridades creen que TVN sea un canal público y no oficialista. La “razón de Estado” esgrimida telefónicamente por un ministro basta para que se acabe la autonomía de un directorio que ya había dado la luz verde a la serie “Epopeya”, apenas se produjeron los primeros ruidos diplomáticos.
La censura impuesta a Televisión Nacional por la serie “Epopeya”, sobre la Guerra del Pacífico, ha resaltado, una vez más, la fragilidad política de las relaciones de Chile con sus países vecinos. El precio a pagar fueron esta vez las libertades de expresión y de prensa, bajo la invocación de la “razón de Estado”. La misma razón que llevó en su momento al Presidente Aylwin a pedir disculpas públicas a su colega Menem por un comentario de Enrique Lafourcade en El Mercurio en que describía al entonces gobernante argentino como maniquí de escaparate de tienda marginal o algo así. La misma razón que llevó al Presidente Frei Ruiz-Tagle a pedir que no se emitiese un documental sobre la vida en Singapur, horas antes de que viajase a esa isla-ciudad regida por ana dictadura (sin mencionar la intervención del mismo Mandatario ante el Consejo de Defensa de Estado por los “pinocheques”, para no salirnos del tema).
¿Quiere decir todo esto que los anteriores Presidentes y algunos de sus secretarios generales de Gobierno y ahora el Canciller no creen en la televisión pública, aquel modelo creado para superar el régimen de sometimiento que vivió TVN en dictadura? Se argumentó hace dos días en el ministerio de Relaciones Exteriores que los peruanos entendían que el canal era estatal y que tomarían la serie “Epopeya” como una agresión oficial. Bueno, ellos creyeron también –y así lo dijo un ministro en Lima- que el Tribunal Constitucional era una especie de Consejo de Estado y que por eso había enmendado el texto legal sobre la creación de la provincia de Parinacota.
Tal vez TVN sea, a fin de cuentas, un canal oficial, con un directorio tan autónomo que, ante un llamado ministerial, recula en su decisión anterior de emitir la serie, después que se produjeron los primeros ruidos diplomáticos en torno a ella. Fue “autocensura”, dijo el actual Presidente del Senado. Tiene cara de león, pelo de león y garras de león, pero no es león, decía el porfiado. Ante lo ocurrido con los ex Presidentes y ministros actuales y pasados habría que insistir: es censura. Ahora el acto se volverá en contra de sus responsables, porque aumentará la presión por conocer el producto en interdicción. Y las relaciones con Perú –que no son tan promisorias si dependen de un programa televisivo- sufrirán un menoscabo mayor que si la emisión se hubiese efectuado anoche, como estaba previsto. Un episodio que no debió ocurrir es ahora un incidente que puede sumarse al cúmulo de nubarrones y malos entendidos entre vecinos susceptibles.
Las relaciones de los países son un problema político y deben manejarlas las autoridades con tino y reserva. Pero los ciudadanos y los medios tienen derecho a reflexionar sobre ellas con independencia y altura de miras. Así lo entendió el Consejo Nacional de Televisión cuando proveyó los fondos para realizar la serie y así lo entendió la emisora pública cuando decidió programarla.
Por no tratarse del filme de un cineasta creador –a la manera de los grandes realizadores del mundo que recrean la historia-, ya la independencia estaba limitada. ¿Agregar a esta limitación original el parecer de los señores embajadores y ministros? No, ellos ni los parlamentarios tienen siquiera derecho a ver la serie primero para pronunciarse enseguida. Eso sólo le compete a las autoridades del canal. Que los funcionarios la vean al mismo tiempo que los ciudadanos de los cuales son mandantes directos o indirectos
¿Quiere decir todo esto que los anteriores Presidentes y algunos de sus secretarios generales de Gobierno y ahora el Canciller no creen en la televisión pública, aquel modelo creado para superar el régimen de sometimiento que vivió TVN en dictadura? Se argumentó hace dos días en el ministerio de Relaciones Exteriores que los peruanos entendían que el canal era estatal y que tomarían la serie “Epopeya” como una agresión oficial. Bueno, ellos creyeron también –y así lo dijo un ministro en Lima- que el Tribunal Constitucional era una especie de Consejo de Estado y que por eso había enmendado el texto legal sobre la creación de la provincia de Parinacota.
Tal vez TVN sea, a fin de cuentas, un canal oficial, con un directorio tan autónomo que, ante un llamado ministerial, recula en su decisión anterior de emitir la serie, después que se produjeron los primeros ruidos diplomáticos en torno a ella. Fue “autocensura”, dijo el actual Presidente del Senado. Tiene cara de león, pelo de león y garras de león, pero no es león, decía el porfiado. Ante lo ocurrido con los ex Presidentes y ministros actuales y pasados habría que insistir: es censura. Ahora el acto se volverá en contra de sus responsables, porque aumentará la presión por conocer el producto en interdicción. Y las relaciones con Perú –que no son tan promisorias si dependen de un programa televisivo- sufrirán un menoscabo mayor que si la emisión se hubiese efectuado anoche, como estaba previsto. Un episodio que no debió ocurrir es ahora un incidente que puede sumarse al cúmulo de nubarrones y malos entendidos entre vecinos susceptibles.
Las relaciones de los países son un problema político y deben manejarlas las autoridades con tino y reserva. Pero los ciudadanos y los medios tienen derecho a reflexionar sobre ellas con independencia y altura de miras. Así lo entendió el Consejo Nacional de Televisión cuando proveyó los fondos para realizar la serie y así lo entendió la emisora pública cuando decidió programarla.
Por no tratarse del filme de un cineasta creador –a la manera de los grandes realizadores del mundo que recrean la historia-, ya la independencia estaba limitada. ¿Agregar a esta limitación original el parecer de los señores embajadores y ministros? No, ellos ni los parlamentarios tienen siquiera derecho a ver la serie primero para pronunciarse enseguida. Eso sólo le compete a las autoridades del canal. Que los funcionarios la vean al mismo tiempo que los ciudadanos de los cuales son mandantes directos o indirectos
(Comentario transmitido por Universidad de Chile Noticias, edición de 7 a 8 de la mañana).
