Una enorme explosión de gas no solo sembró de muerte, lagrimas y tragedia hace unos días el centro histórico de Valparaíso, sino que también de incertidumbres, recriminaciones y exigencias de responsabilidades.
Un fuerte olor a gas fue percibido por los vecinos del lugar. Primero, tímidas llamadas a diversos sitios advirtiendo la situación, se transformaron luego en urgentes pedidos de ayuda a medida que avanzaba la madrugada y el olor era cada vez mas penetrante.
Unos dicen que el escape de gas estaba en la vereda. Otros, que en el interior de uno de los edificios. El matiz es importante, porque delimitara responsabilidades. Hay trabajo entonces para los investigadores. Las máximas autoridades del país y la ciudad, con Michelle a la cabeza, se dieron cita con prontitud en el lugar de la tragedia. No les quedo otra alternativa que dejar trabajar al personal de rescate y a los expertos en controlar el fuego. Después, a entregar un poco de consuelo a las familias que perdieron seres queridos, que no saben del paradero de otros y que se quedaron sin nada de nada. S´olo un poco de consuelo. Ahora surgen las recriminaciones, las acusaciones veladas y otras no tanto, entre quienes deben asumir responsabilidades, pero que lanzan la pelota a tejados ajenos. Cuando todavía se desconoce el paradero de mucha gente y bomberos, policías y militares remueven los escombros, es bueno sentarse a meditar. Meditar sobre lo que paso, sobre lo que pudo pasar y lo que se pudo prever. Sobre lo que paso, porque mucha gente hizo llamadas telefónicas y poca es la que hizo caso a tales peticiones de ayuda. Y cuando se acudió, o ya era demasiado tarde o no se tuvo nunca muy claro cual era la magnitud del escape de gas. Sobre lo que pudo pasar, porque ocurrió a una hora temprana en que los comercios no están abiertos. Y porque hubo varias personas que estaban alli casualmente y que reaccionaron con eficacia evacuando a decenas de vecinos. Sobre lo que se pudo prever, porque Valparaíso ha sido hace poco declarada “Patrimonio de la Humanidad” por la UNESCO, lo cual implica que su estructura, su ubicación y su significación histórica son demasiado valiosas como para no cuidarlos. Las autoridades gubernamentales y locales debieron (y deben) responder a la prestigiosa declaración del organismo de Naciones Unidas, ¡cuidando precisamente su patrimonio!. No basta con echarle una lavadita de cara a los edificios, sino que hay que restaurarlos, protegerlos por expertos.
Dicen las informaciones periodísticas que las instalaciones de los servicios generales del casco antiguo de la ciudad estan obsoletos. Eso implica que el riesgo se acrecienta. Entonces es mas que lógico pensar que las autoridades debieron (y deben) asumir las responsabilidades que lleva implícitas una declaración como la de la UNESCO. Galardón implica responsabilidad. Viví muchos años en España y recorrí centenares de veces ciudades mucho mas antiguas que Valparaíso, habitadas como Valparaíso, atractivo turístico como Valparaíso. Pero allí todas son sometidas a intensos y profundos sistemas de control, de prevención de desgastes, de reconstrucción y modernización de todos los servicios. Las propias autoridades proceden a tales revisiones, antes incluso de que los vecinos se lo pidan. Es como una tradición indiscutida e indiscutible. Con el dolor de lo acontecido, creo que llego la hora de decir ¡nunca mas!.
Unos dicen que el escape de gas estaba en la vereda. Otros, que en el interior de uno de los edificios. El matiz es importante, porque delimitara responsabilidades. Hay trabajo entonces para los investigadores. Las máximas autoridades del país y la ciudad, con Michelle a la cabeza, se dieron cita con prontitud en el lugar de la tragedia. No les quedo otra alternativa que dejar trabajar al personal de rescate y a los expertos en controlar el fuego. Después, a entregar un poco de consuelo a las familias que perdieron seres queridos, que no saben del paradero de otros y que se quedaron sin nada de nada. S´olo un poco de consuelo. Ahora surgen las recriminaciones, las acusaciones veladas y otras no tanto, entre quienes deben asumir responsabilidades, pero que lanzan la pelota a tejados ajenos. Cuando todavía se desconoce el paradero de mucha gente y bomberos, policías y militares remueven los escombros, es bueno sentarse a meditar. Meditar sobre lo que paso, sobre lo que pudo pasar y lo que se pudo prever. Sobre lo que paso, porque mucha gente hizo llamadas telefónicas y poca es la que hizo caso a tales peticiones de ayuda. Y cuando se acudió, o ya era demasiado tarde o no se tuvo nunca muy claro cual era la magnitud del escape de gas. Sobre lo que pudo pasar, porque ocurrió a una hora temprana en que los comercios no están abiertos. Y porque hubo varias personas que estaban alli casualmente y que reaccionaron con eficacia evacuando a decenas de vecinos. Sobre lo que se pudo prever, porque Valparaíso ha sido hace poco declarada “Patrimonio de la Humanidad” por la UNESCO, lo cual implica que su estructura, su ubicación y su significación histórica son demasiado valiosas como para no cuidarlos. Las autoridades gubernamentales y locales debieron (y deben) responder a la prestigiosa declaración del organismo de Naciones Unidas, ¡cuidando precisamente su patrimonio!. No basta con echarle una lavadita de cara a los edificios, sino que hay que restaurarlos, protegerlos por expertos.
Dicen las informaciones periodísticas que las instalaciones de los servicios generales del casco antiguo de la ciudad estan obsoletos. Eso implica que el riesgo se acrecienta. Entonces es mas que lógico pensar que las autoridades debieron (y deben) asumir las responsabilidades que lleva implícitas una declaración como la de la UNESCO. Galardón implica responsabilidad. Viví muchos años en España y recorrí centenares de veces ciudades mucho mas antiguas que Valparaíso, habitadas como Valparaíso, atractivo turístico como Valparaíso. Pero allí todas son sometidas a intensos y profundos sistemas de control, de prevención de desgastes, de reconstrucción y modernización de todos los servicios. Las propias autoridades proceden a tales revisiones, antes incluso de que los vecinos se lo pidan. Es como una tradición indiscutida e indiscutible. Con el dolor de lo acontecido, creo que llego la hora de decir ¡nunca mas!.
Que no vuelva a ocurrir nunca mas un desastre como este, por falta de previsión, por falta de compromiso para responder a nuestro patrimonio histórico.
