La pasada entrevista al canciller boliviano David Choquehuanca ofrecida a TVN dejó un sabor amargo, pues nos recordó nuevamente que existen heridas, heridas que parecieran que nunca van a cerrar. La reivindicación de territorio “útil y soberano”, o más específicamente “reintegración de territorio y soberanía”, serían el único antídoto para esta eterna llaga en el pueblo boliviano.
El ministro Choquehuanca dio señales de esta herida, abierta por una violenta apropiación y por un humillante tratado. Pero dijo también que nuestros pueblos quieren que tengamos relaciones diplomáticas. “Mientras hayan heridas, mientras haya problemas pendientes, sería incoherente hablar de relaciones diplomáticas”, dijo el domingo pasado.
En su reciente visita Chile el historiador francés Marc Ferro definió al resentimiento como un explosivo que estalla de vez en cuando, no se sabe por qué explota, pero tiene raíces muy profundas en el pasado. Puede también compararse con un virus, porque un virus sólo parece dormido, silencioso, hasta que despierta. El resentimiento, sostiene Ferro, “es el resurgimiento de un hecho que nos ha traumatizado y que suscita dando reacciones, tanto en un individuo como en un grupo social, como en una nación o cultura”.
Bolivia hasta el momento ha demostrado tener estas heridas, que nacen desde la Guerra del Pacífico (o Salitre) y del humillante tratado de “Paz y Amistad” de 1904 donde quedaron reconocidos “del dominio absoluto y perpetuo de Chile los territorios ocupados por éste en virtud del articulo 2° del Pacto de Tregua, de 4 de abril de 1884” .
Hoy, a más de 100 años de esta concesión, el canciller Choqueuanca no esconde este sentimiento al reclamar que quieren que se repare esta injusticia “Queremos un acceso soberano, estamos hablando de reintegración marítima, de un acceso donde podamos administrar ese territorio de manera soberana”. Por tanto, acá está la clave de esta demanda que a ojos de las autoridades políticas chilenas es un no- problema, que sus gobiernos han intentado silenciar u ocultar bajo la premisa de que los tratados no se cambian.
A su vez, Marc Ferro, ejemplifica la forma en que el resentimiento aparece, especialmente cuando hubo un acto de humillación, como podríamos pensar en el tratado de 1904, o como bien ilustra el historiador con el resentimiento alemán surgido tras el Tratado de Versailles en 1919, donde hubo una “convergencia del resentimiento de los alemanes que consideraron indigno que se les tratara de responsables de la Primera Guerra Mundial mientras que su territorio había sido invadido”. El no- problema
Plantear en Chile el acceso marítimo boliviano a las costas chilenas es un tema tabú, y hasta molesto; está lejos de ser prioritario porque no se reconoce que hay un tema pendiente porque se dice estar resuelto con el tratado de 1904 cuando el vecino país vencido lo firmó cediendo 120.000 kms2. de territorio. En Bolivia, en cambio, se ha presentado históricamente como un asunto esencial, incluso de supervivencia. Es por ello que lo ha planteado ante diferentes organismos internacionales y ha tratado en todos los tonos pedir a Chile esta reivindicación. Bolivia ha pedido a Chile negociar una cesión de soberanía y este país responde que para llegar a un acuerdo, se debe negociar primero con Perú. Según el Tratado de 1929 entre Perú y Chile, Perú deberá ser “consultado” cuando Chile ceda a un tercer país, en este caso Bolivia, territorios que fueron peruanos. La discusión termina y se acaba aquí. Actualmente el Canciller boliviano, David Choquehuanca, ha definido la nueva estrategia marítima de La Paz, que se asienta en tres pilares: Supremacía territorial, que significa acceso soberano a un puerto; una soberanía compartida con Chile y la reintegración marítima . En tanto, desde Chile su colega Alejandro Foxley ha declarado que no está dispuesto a variar “en un ápice” la política exterior de intangibilidad de los tratados, que no se modifican porque una parte así lo quiera. Es decir, que por un lado vemos a un país vencedor de una guerra que se apropió un vasto territorio a dos países y que no quiere ceder ni un milímetro cuadrado y, por el otro, vemos a uno de estos vencidos, Bolivia, con una eterna reivindicación marítima y que ha sido el centro de su política exterior de sus gobiernos desde hace más de 100 años. Recursos energéticos y territorio
La idea del ex presidente Carlos Mesa de cambiar a Chile “gas por mar” fue aprobada por el 55% de la ciudadanía boliviana en el referéndum del 18 de julio 2004, y confirmada en la campaña electoral del actual mandatario, Evo Morales, (que ahora último ha tomado distancia sobre el tema). La pregunta planteaba que si el elector estaba de acuerdo con “utilizar al gas como recurso estratégico para el logro de una salida útil y soberana al Océano Pacífico”. Una consulta aparentemente necesaria para Mesa, ya que su predecesor, Gonzalo Sánchez de Lozada, fue derrocado por una revuelta popular (que dejó a 60 muertos y 400 heridos) por intentar exportar gas a México y Estados Unidos por puertos chilenos. Por otro lado, apenas iniciado su mandato, el Presidente Evo Morales modificó el mapa geopolítico del continente. La nacionalización de los hidrocarburos zanjada el 1 de mayo de 2006, ubica las segundas reservas de gas sudamericanas bajo control del Estado. Choquehuanca, si bien ha vacilado un poco sobre el tema de “Gas por mar”, es enfático al señalar ahora que “el gas no es una política de este gobierno. Tenemos un agenda oficial que hemos establecido, de 13 puntos, en la que no está el tema gas ni el energético, pero sí está el tema mar”, precisó.
A su vez, Marc Ferro, ejemplifica la forma en que el resentimiento aparece, especialmente cuando hubo un acto de humillación, como podríamos pensar en el tratado de 1904, o como bien ilustra el historiador con el resentimiento alemán surgido tras el Tratado de Versailles en 1919, donde hubo una “convergencia del resentimiento de los alemanes que consideraron indigno que se les tratara de responsables de la Primera Guerra Mundial mientras que su territorio había sido invadido”. El no- problema
Plantear en Chile el acceso marítimo boliviano a las costas chilenas es un tema tabú, y hasta molesto; está lejos de ser prioritario porque no se reconoce que hay un tema pendiente porque se dice estar resuelto con el tratado de 1904 cuando el vecino país vencido lo firmó cediendo 120.000 kms2. de territorio. En Bolivia, en cambio, se ha presentado históricamente como un asunto esencial, incluso de supervivencia. Es por ello que lo ha planteado ante diferentes organismos internacionales y ha tratado en todos los tonos pedir a Chile esta reivindicación. Bolivia ha pedido a Chile negociar una cesión de soberanía y este país responde que para llegar a un acuerdo, se debe negociar primero con Perú. Según el Tratado de 1929 entre Perú y Chile, Perú deberá ser “consultado” cuando Chile ceda a un tercer país, en este caso Bolivia, territorios que fueron peruanos. La discusión termina y se acaba aquí. Actualmente el Canciller boliviano, David Choquehuanca, ha definido la nueva estrategia marítima de La Paz, que se asienta en tres pilares: Supremacía territorial, que significa acceso soberano a un puerto; una soberanía compartida con Chile y la reintegración marítima . En tanto, desde Chile su colega Alejandro Foxley ha declarado que no está dispuesto a variar “en un ápice” la política exterior de intangibilidad de los tratados, que no se modifican porque una parte así lo quiera. Es decir, que por un lado vemos a un país vencedor de una guerra que se apropió un vasto territorio a dos países y que no quiere ceder ni un milímetro cuadrado y, por el otro, vemos a uno de estos vencidos, Bolivia, con una eterna reivindicación marítima y que ha sido el centro de su política exterior de sus gobiernos desde hace más de 100 años. Recursos energéticos y territorio
La idea del ex presidente Carlos Mesa de cambiar a Chile “gas por mar” fue aprobada por el 55% de la ciudadanía boliviana en el referéndum del 18 de julio 2004, y confirmada en la campaña electoral del actual mandatario, Evo Morales, (que ahora último ha tomado distancia sobre el tema). La pregunta planteaba que si el elector estaba de acuerdo con “utilizar al gas como recurso estratégico para el logro de una salida útil y soberana al Océano Pacífico”. Una consulta aparentemente necesaria para Mesa, ya que su predecesor, Gonzalo Sánchez de Lozada, fue derrocado por una revuelta popular (que dejó a 60 muertos y 400 heridos) por intentar exportar gas a México y Estados Unidos por puertos chilenos. Por otro lado, apenas iniciado su mandato, el Presidente Evo Morales modificó el mapa geopolítico del continente. La nacionalización de los hidrocarburos zanjada el 1 de mayo de 2006, ubica las segundas reservas de gas sudamericanas bajo control del Estado. Choquehuanca, si bien ha vacilado un poco sobre el tema de “Gas por mar”, es enfático al señalar ahora que “el gas no es una política de este gobierno. Tenemos un agenda oficial que hemos establecido, de 13 puntos, en la que no está el tema gas ni el energético, pero sí está el tema mar”, precisó.
Entonces, si Bolivia quiere un territorio soberano con acceso al mar y no ofrece nada a cambio, las cosas se complican aún más, o bien se simplifican para Chile porque no existen canales de salida a este “no problema”, por lo que este conflicto seguirá en lo simbólico, en las declaraciones, en la criolla guerra fría, en la carrera armamentista y en el mejor de los casos en una reunión sonriente entre nuestra europea presidenta y el excéntrico Evo Morales que no va a conducir a nada. Porque la inflexibilidad y el resentimiento no llevan a nada, salvo a la destrucción.
