En nuestra limitada Democracia de los Conciliábulos, en tanto, el mercado de la prensa escrita está restringido a dos gigantes -a los que los gobiernos concertacionistas se han rendido, cediéndoles la determinación de la agenda pública- que comparten un ideario político de derecha, sirviendo a “una misma tribu”, en palabras del Presidente Lagos, quien nada hizo para superar la situación en pro del pluralismo. Se trata de los “Rupert Murdoch” de estas latitudes, que no dejan espacio alguno y asfixian al primer asomo de disidencia entre nuestros medios, como ocurrió hace algún tiempo con el Diario Siete, al que COPESA no se asoció para fomentar el pluralismo, sino para impedirlo a corto o mediano plazo, mediante un vergonzoso acto de fagocitosis. Otro acontecimiento reciente en el mismo sentido está dado por la adquisición del diario El Sur de Concepción por El Mercurio.
Desgraciadamente, vivimos a merced de estos nefandos personajes, que a diario nos humillan como ciudadanos y nos avergüenzan como nación.
En virtud de lo anterior y al margen de la justicia o no de la causa de Víctor Pey y la Fundación Salvador Allende contra el fisco chileno en el tribunal de CIADI en su demanda indemnizatoria por la confiscación del diario El Clarín por el gobierno de facto de 1973, lo que sin duda resulta evidente es que, con el triunfo de Pey en el litigio y la anunciada destinación de la indemnización consiguiente a la refundación de El Clarín por él anunciada, quien ganará será la prensa nacional, nosotros los ciudadanos y, en definitiva, nuestra modesta y alicaída democracia.