Hace unos días asistí en Santiago a un Coloquio organizado por la Universidad de la República. Me invitaron las respectivas Secretarías de Internacional del PPD y del PS. Por la mañana llamé a los organizadores para avisar que iría, con el fin de que consideraran la posibilidad de que pudiera participar activamente: siempre es bueno que en un evento que se refiere a los chilenos en el exterior, se escuche a los chilenos que están en el exterior.
Desgraciadamente no fue así. Ni un compatriota que venía de Austria, ni otro de Francia , ni yo que venía llegando de España pudimos hablar. El evento estaba organizado para que hablaran los que estaban en la testera y unos 15 o 20 panelistas predeterminados. Los asistentes, unos cincuenta, no tuvimos oportunidad de decir algo.
Al margen de aquella anécdota, me quedé hasta el final para hablar con el máximo de intervinientes, en especial con aquellos que puedan ejercer alguna influencia en los parlamentarios. Decirles algunas cosas relacionadas con los chilenos radicados en el exterior. Comenzando por señalar que somos más de un millón, porque aquí se manejan con las cifras de un censo que se hizo hace unos años, pero que no fue contestado por muchísima gente, “mosqueada” por el caudal y sentido de las preguntas. Luego señalé que esto del “derecho al voto” de los chilenos en el exterior no correspondía discutirlo siquiera, porque somos de nacionalidad chilena donde quiera que estemos. O sea, gozamos de ese derecho por nacionalidad.
Reiteré -una vez más- que quienes estamos fuera de Chile, por las circunstancias que sean, estamos aportando muchas cosas a nuestro país:
-aportamos imagen cuando estudiamos o trabajamos afuera con el máximo entusiasmo, tratando de ser siempre los mejores.
-aportamos cuando mantenemos un contacto permanente con nuestra gente y les explicamos lo bueno y lo malo que hay más allá de nuestras fronteras
-aportamos cuando ayudamos materialmente a nuestras familias y amigos, lo cual constuituye una fuente de ingresos de divisas para nuestro país.
-aportamos cuando nos organizamos en el exterior y mantenemos una interlocución de igual a igual con organizaciones y gobiernos de otros países.
-aportamos cuando entregamos nuestras ideas en el debate permanente y cotidiano sobre los temas que afectan hoy a nuestro país.
-aportamos cuando creamos comunicación entre los chilenos radicados afuera, “rebotando” las informaciones que recibimos y provocando que el debate se haga cada vez más amplio y generoso.
Entonces, ¿por qué no se nos escucha cuando queremos ejercer un derecho, pero si cuando se nos imponen los deberes?
Juristas de todos los pelajes han señalado de que la Ley nos asiste. La jurisprudencia internacional, también. Incluso, la referida a los Derechos Humanos tiene aspectos que avalan nuestros anhelos.
Escuché en el coloquio de la Universidad de la República a un joven representante de una Fundación “Libertad”, ligada a Renovación Nacional, señalando que condicionarían el proyecto de ley actualmente en discusión en el Congreso con dos cuestiones que les parecen fundamentales: que para ejercer el voto, los chilenos en el exterior tienen que demostrar que en los últimos cinco años estuvieron en Chile. Y que, para la transparencia del recuento, que los embajadores procedan del Cuerpo Diplomático… El primer condicionamiento es clasista, elitista, porque significa que hay que tener dinero para viajar a Chile cada cinco años para poder votar. Dicho en otras palabras, los chilenos que están en el exterior deberían pagar para votar. O sea, sigue el concepto de ciudadanos de primera y de segunda clase.
El otro condicionante, el de los Embajadores procedentes del Cuerpo Diplomático, no pasa de ser un oportunismo político barato. Un desconocimiento de lo que debe ser un Embajador. Un desconocimiento de lo que son en la actualidad las relaciones diplomáticas entre países democráticos. ¿Quién defenderá/explicará mejor en el exterior los programas de un gobierno elegido democráticamente que un representante elegido, precisamente, por ese gobierno?. Y, por otra parte, son los Cónsules -que sí proceden del Cuerpo Diplomático- los que se encargarían de los procesos electorales: inscripciones, lugares de votación y recuentos.
En concreto, puedo decir sin temor a equivocarme, que los chilenos que están en el exterior estarían de acuerdo en participar en elecciones presidenciales, en plebiscitos nacionales y en las elecciones de Diputados -Circunscripción XIV Región- con cuatro cupos parlamentarios: Distrito América Latina, USA y Canadá (2 cupos); Distrito Europa-Escandinavia (1 cupo) y Distrito Asia, Africa y Oceanía (1 cupo). Obviamente, la inscripción deberá hacerse en los consulados con cédulas de identidad o pasaportes vigentes, debiendose votar en esos mismos consulados. Los cónsules recibirán instrucciones directas del Servicio Electoral. El voto deberá ser obligatorio y los partidos políticos -o los candidatos, si son independientes- pueden designar representantes o apoderados en las diferentes mesas. La difusión del proceso electoral se deberá hacer a través de las líneas de comunicación establecidas por los consulados (generalmente, páginas web) y/o a través de los medios de comunicación que han creado los propios chilenos en el exterior (radios, periódicos, páginas web, etc).
A quienes se encuentran en el exterior les puedo decir que, en este momento, se discute en el parlamento un proyecto de ley sobre el derecho al voto de los chilenos en el exterior, pero que faltan unos cuantos votos para que el proyecto salga adelante. Nos queda mucho tiempo todavía. Por eso, no hay que bajar la guardia y hay que seguir trabajando, presionando, movilizando a la gente en cualquier parte del mundo, hasta que los insensibles escuchen el clamor de justicia. Queremos que Chile avance y progrese en la modernidad. Queremos profundizar en la democracia y construir con todas las manos todas un Chile más grande y más justo.
A quienes se encuentran en el exterior les puedo decir que, en este momento, se discute en el parlamento un proyecto de ley sobre el derecho al voto de los chilenos en el exterior, pero que faltan unos cuantos votos para que el proyecto salga adelante. Nos queda mucho tiempo todavía. Por eso, no hay que bajar la guardia y hay que seguir trabajando, presionando, movilizando a la gente en cualquier parte del mundo, hasta que los insensibles escuchen el clamor de justicia. Queremos que Chile avance y progrese en la modernidad. Queremos profundizar en la democracia y construir con todas las manos todas un Chile más grande y más justo.
