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Agosto 18, 2026

A pesar de todo

El interés del mundo y de los medios de comunicación sobre la salud de Fidel Castro y el porvenir político de Cuba demuestra la enorme gravitación de este líder y su emblemático país. Cualesquiera sean nuestras convicciones, todo lo que ha sucedido en la Isla durante las últimas cinco décadas ha afectado no sólo a la población cubana sino a la historia de nuestra América Latina, a los sucesivos gobiernos estadounidenses y a todas las relaciones internacionales.

Es obvio que la historia honra a sus principales dirigentes y estadistas, más allá de lo que fueron sus flaquezas humanas, crímenes u otros despropósitos. Napoleón es la figura política más venerada por lo franceses, sin embargo su megalomanía y errores ocasionaron una inmensa cantidad de vidas truncadas, valores traicionados y expectativas frustradas. El genocida y sanguinario Stalin mereció, y acaso merezca para siempre, la gratitud mundial por haber frenado a Hitler y el nazismo. Aquí mismo, en nuestro país, seguro que se registrarán otros insólitos testimonios de reconocimiento a Pinochet, más allá de lo que reprimió y robó al pueblo.
 
Todo lo negativo de la Revolución Cubana nunca va a afectar la imagen de Fidel Castro como un ideólogo y conductor muy por encima de la media de los políticos del mundo y de nuestra región. Más allá, por cierto, de su brillante oratoria, tenacidad e, incluso, temeraria consecuencia entre lo que proclamó y ha hecho. En este mismo sentido, las buenas realizaciones de su proceso político encandilan a ese conjunto de países del área y del mundo que, incluso con más recursos, mantienen a sus pueblos en el hambre, la incultura y la trágica sobrevivencia. Baste comparar a Cuba, por ejemplo, con Haití, República Dominicana. Honduras y otras naciones que hace 60 años estaban más o menos igual que la Isla.
 
Todo lo que se pueda achacarle a la personalidad autoritaria de Fidel Castro no borrará su lucidez y resolución para enfrentar a la insensatez y prepotencia de los sucesivos gobiernos estadounidenses que, entonces, como ahora, ven a América Latina y, acaso al mundo entero, como su basurero. La prestancia de líder cubano frente a la abyecta actitud de una montonera de oscuros presidentes que siguen prestándole pleitesía a la Casa Blanca y las instituciones que hoy rigen su hegemonía política y económica sin contrapeso en el mundo. Países que se ufanan de su relación de dependencia, que se arman, agreden y se demuestran incapaces de integrarse. Mientras que los cubanos y su Revolución tantas veces se han sacado el pan de la boca para salir al rescate de los pueblos oprimidos, ejerciendo siempre una solidaridad más que ejemplar y que nadie puede dejar de reconocer en esos médicos repartidos por el continente, en esas becas que ofrecen educación a miles de tercermundistas pobres e, incluso, en esos recursos y contingentes militares comprometidos en tantas gestas de liberación.
 
A mí también me hubiera gustado una Cuba llena de realizaciones y progresos con más libertad y democracia, pero cada vez que fui a la Isla lo que comprobé es que los cubanos se expresan sin remilgos y se ven mucho más felices y plenos que tantos otros pueblos latinoamericanos. Como ciudadano y periodista, me irritan la falta de diversidad informativa y la ausencia de un sistema electoral más competitivo. Sin embargo, no dejo de considerar que lo que tienen es mucho mejor que lo que heredaron de Batista, así como que sus limitaciones en buena forma se explican en el hecho de estar bloqueados, expuestos continuamente al acoso de Estados Unidos y sus lacayos. Lo que se manifiesta en esas emisiones de Radio Martí, la guerra bacteriológica, en los múltiples atentados contra su Gobernante y población que hoy se reconocen con desparpajo desde el Departamento de Estado y la prensa internacional.
 
Pienso también en nuestras democracias y sus sistemas electorales regidos por la flagrante exclusión, el fraude y el dinero. En nuestros millonarios recursos del petróleo, el cobre, la pesca y la agricultura que, sin embargo, siguen haciendo a los ricos más poderosos, como cada día más numerosos a los pobres en nuestra América Latina.  Y, en el balance no puedo más que maravillarme de lo logrado en una isla discreta en recursos naturales, sobre poblada en relación a su mínima geografía y cercada como ninguna nación de la Tierra por ese gigantón egoísta que tiene a pocas leguas como vecino. A pesar de todo…