El mismo día 12 fue juramentado el empresario golpista Pedro Carmona Estanga como presidente interino. Todo estaba previsto, según los golpistas, salvo la intervención del pueblo, que en la Plaza San Jacinto, en la ciudad de Maracay, frente a la brigada de paracaidistas comandado por el General Raúl Baduel, esperaba su intervención para liberar al secuestrado Presidente Chávez. En esas horas, el pijerío vociferante de Caracas, manifestaba desde varios puntos de la capital, circulando por la autopista Francisco Fajardo a la altura del tramo de Altamira, en el municipio oriental de Chacao. Su intento era llegar al Palacio Miraflores y tomarse virtualmente la ciudad. No contaban con los habitantes de las chabolas de los barrios, que cubren gran parte de las montañas que rodean la ciudad y que se unieron a la marea humana que exigía el retorno del presidente. Las intenciones de los golpistas se desvanecieron como pompa de jabón cuando el presidente regresó en brazos del pueblo y sus compañeros de armas.
En las breves horas que los golpistas creyeron tener el poder en sus manos, la social democracia europea, y sus dirigentes históricos, entre ellos Felipe González, se regocijaron de la situación, expresando su preocupación por la situación a que Chávez había llevado a su país. José María Aznar, primer ministro español, en ese momento presidente en ejercicio de la Unión Europea fue más lejos. Declaró en tono triunfal que se había restablecido la democracia en Venezuela. Para Bush el golpe no era sino una demostración de la lucha por la democracia del pueblo venezolano. En Chile, el presidente Lagos y su canciller Soledad Alvear, asesorados por su hombre en Caracas, el embajador de Chile, recurrieron al viejo truco de lamentar que el presidente Chávez hubiese llevado el proceso político hacia una vía sin salida, de paso recomendaron prudencia y todo su apoyo al pueblo venezolano. Cuando el pueblo restableció las cosas en su lugar, el Presidente y su Canciller, no encontraron mejor expediente que echar al embajador por la ventana. Lo que no pudieron eliminar fue la actuación del presidente de la ODCA [Organización Demócrata Cristiana de América], Gutemberg Martínez, chileno, astuto complotador en miles de escaramuzas políticas y por añadidura, marido de la canciller Alvear. En aquellos días este personaje fue un activo asesor de la dirigencia golpista demócrata cristiana, la misma que durante 10 años mantuvo con Acción Democrática el pacto de Punto Fijo, donde la corrupción y la impunidad adquirieron rango de política de Estado.
Chávez puso fin a esa era de corrupción y los inmensos recursos de la riqueza petrolera fueron invertidos en beneficio del pueblo. El corolario fue el fin de COPEI y AD en Venezuela, los mismos que complotaron con Martínez.
Cuando los gobiernos de Latinoamérica discuten su apoyo a Venezuela o Guatemala al cargo de miembro no permanente del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas, para la clase política chilena, resulta particularmente difícil, especialmente para la DC chilena, explicar su voto contra un país que ha abierto un camino de dignidad y justicia social en Latinoamérica.
Transcurrió el tiempo y Soledad Alvear es ahora senadora, Presidente de la Democracia Cristiana de Chile y eterna aspirante a la presidencia de Chile. Su lobby es claro: impedir la aspiración de Venezuela de integrar el Consejo de Seguridad. Para ello cuenta con el canciller DC, Foxley, hombre de confianza de Washington, que propone un candidato alternativo, pues Venezuela, a su entender, no es precisamente el “país que pueda conducir la región a la convergencia”. El diputado Jorge Tarud, presidente de la Comisión de Relaciones Exteriores de la Cámara de Diputados, PPD y hombre de derechas, junto con invocar el manejo de las relaciones exteriores de Chile, como materia exclusiva de la Presidenta, recordó el “comportamiento intervencionista y disociador” que habían tenido las palabras del Presidente Chávez para referirse a la candidatura de Alan García en Perú. Pese a la escasa credibilidad de este personaje, envuelto en oscuras maniobras de corrupción y graves crímenes de derechos humanos en su presidencia anterior [1985-1990], Tarud le dio crédito por sus declaraciones de integración económica con Chile, lo cual justificaría, según él, una candidatura alternativa a la de Venezuela. Al lobby anti Chávez se unió hace algunos días el Senador Girardi del PPD, partido del ex Presidente Lagos. Por el contrario, dentro de la Concertación surgen voces disidentes al frente antichavista, a saber los senadores socialistas Ricardo Núñez, Alejandro Navarro y el DC, Jorge Pizarro.
El argumento central de Soledad Alvear es la intervención de Venezuela en los asuntos internos de los países latinoamericanos. Sin embargo, la intervención que rechaza, es la misma que ejerció su esposo, Gutemberg Martínez, en su calidad de Presidente de la ODCA y ella misma, en el golpe en Venezuela. Agreguemos, el apoyo que el gobierno de Chile prestó a la intervención americana en Haití y que terminó con la expulsión de la isla del presidente constitucional, Jean Bertrand Aristide. Enseguida, no hubo una sola protesta, ni un solo comentario de Alvear y la DC, cuando el predicador ultraconservador Pat Robertson, influyente ideólogo de la Casa Blanca, afirmó que el asesinato de Chávez, “nos costaría mucho menos caro que iniciar una guerra”. Intervención que se repite cuando la presión al gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero en España, para que no vendiera armas a Venezuela.
Nunca se escuchó una declaración oficial condenatoria a la intervención del gobierno americano en los planes destinados a desestabilizar el gobierno venezolano. Aclaremos que Washington, en el contexto del Plan Colombia, con la complicidad del presidente Uribe, instaló puestos de avanzada militar [FOL y FUDRA], amenazando la frontera venezolana en 784 kilómetros, en varios municipios de los estados venezolanos de Táchira, Barinas y Apure. Tropas estadounidenses, estacionadas en el territorio del departamento colombiano de Arauca [Saravena, Arauquita y Arauca] respaldan las incursiones de los paramilitares colombianos en territorio venezolano. Nada se dijo sobre el sabotaje de PDVSA en los meses siguientes al golpe de abril de 2002, que no sólo paralizó los computadores de la compañía sino que además atentó gravemente contra la flota mercante venezolana en el lago de Maracaibo.
Silencio total del gobierno de Chile frente al activo tráfico de armas promovido en el marco del Plan Colombia, por los EEUU. Plan reemplazado por la Iniciativa Regional Andina [IRA], y que al igual que el anterior se encuentra en conexión directa con el complejo militar industrial de EEUU. Su inconfesado objetivo es el control de los recursos naturales de la Amazonía. Los silencios del gobierno no se detienen allí. En el año 2004, la CIA intervino en el secuestro en Quito del dirigente colombiano Juvenal Ovidio Ricardo Palmera [conocido como, Simón Trinidad], hecho publicado en el diario El Universo [5 de febrero de 2004] y la agencia de noticias AFP [Agencia France Press]. Según esos medios, la captura se logró “con el apoyo fundamental’ de la Central de Inteligencia de los EEUU [CIA]”. A esta larga secuela de intervenciones del gobierno de EEUU en la política latinoamericana, y en Venezuela en particular, se suma la crisis diplomática [enero de 2005] con Colombia, a raíz del secuestro, por agentes colombianos, del guerrillero Rodrigo Granda, apodado el “canciller de las FARC”, en Caracas. En ese incidente, Venezuela señaló la existencia de hechos que confirmaron el papel de Estados Unidos en la conspiración. Recordemos que en el incidente EEUU, acusó a Venezuela de ejercer una “influencia negativa para la región” y ser un “país inestable”.
Concluyo. En un cálculo históricamente errado, la diplomacia de los gobiernos de la Concertación confunde los intereses nacionales y regionales latinoamericanos con la aquiescencia total a los planes del gobierno de los EEUU. Es más, identifica la estabilidad política con los intereses de los negocios, los cuales en su deambular por el mundo, ostentan el pabellón de los EEUU como patente y la libertad de comercio, quiero decir, “su libertad”, para imponer condiciones, como divisa. “Lo que es bueno para la General Motors es bueno para EEUU”, es la vieja apuesta de las corporaciones de negocios que recurren al gobierno de EEUU en sus reclamaciones contra las autoridades locales que buscan afirmar algún grado de independencia a la influencia que estas compañías ejercen. No es una ventaja garantizada colocarse servilmente al servicio del Imperio. Muchos en el pasado aprendieron esa dura lección. Así entendieron que, más cerca del gobierno de los EEUU que de su propio pueblo, significa caer en un enredo de complicidades y renuncios y finalmente en su propia pérdida.
* Héctor Vega es Economista y Abogado, Doctor de Estado en Ciencias Económicas (Francia).
