Una vez más, en contra de los deseos del gobierno, la agenda pública se encuentra copada por un tema ajeno a sus prioridades. Ahora se trata del crimen violento, esa clase de delincuencia que altera el ambiente, una vez que se posiciona en la primera plana de los medios masivos de comunicación. Uno de los puntos del debate suscitado ha sido justamente el de la relación entre la ocurrencia de delitos y su hiperventilación por los medios. En las últimas semanas, en un movimiento cíclico, las pautas informativas volvieron a modificarse y la crónica roja se impuso en las portadas de los diarios amarillos o faranduleros, en los más políticos e incluso en la llamada prensa seria, inundando, en la televisión, los noticieros y los programas periodísticos.
En la hora de las noticias, los hechos policiales se cuelan a lo largo de la transmisión, persistiendo en asomarse entre las notas de otro calado: después de un “respiro” de información internacional, económica o política, reaparecen los asaltantes de condominios, termas y bombas de bencina y los narcotraficantes capturados en poblaciones. No es que esto no sea noticia, y vaya que lo es, pero justo es decir que muchos noticiarios, cuando carecen de nuevos sucesos de alto impacto, hacen el seguimiento “humano” de aquellos de días anteriores, o bien acuden al choque de la esquina y al incendio en el barrio para desplegar notas interminables, en que los testigos hablan como si se estuviesen refiriendo a la voladura de la torre Entel. Se está en una espiral de sensacionalismo, que lleva a dos cosas: a una oferta informativa con el ojo puesto en el rating y a una sensación ambiente de inseguridad ciudadana.
Las estadísticas insisten en que no se ha elevado sino que estabilizado el número de hechos delictivos. Algunos, como los homicidios, se sitúan entre los más bajos del mundo y de Latinoamérica, mientras otros. como los asaltos de casas y negocios, registran tendencia al alza. Pero basta un par de hechos como la balacera del parque Arauco –con un carabinero defendiendo a tiros, entre la muchedumbre, el derecho de propiedad de una joyería asaltada.- y la intimidación a una familia en su morada de Vitacura –una experiencia que nadie quisiera para sí-, para que la sensación térmica aumente más allá de lo que los termómetros indican. Si el barrio alto de Santiago estornuda, el país entero se resfría: todos los habitantes de Chile se sienten inseguros, porque hasta las áreas que se supone más protegidas son objeto de la audacia de los delincuentes. Ese es el sentido de la figura de la “sensación térmica” que usó el ministro Zaldívar y que tiene su origen en los boletines meteorológicos de ciudades como Buenos Aires, cuyos índices de humedad ambiente hacen sentir a sus habitantes más calor del que realmente hace. La “humedad”, en este caso, la impregnan los medios masivos.
Tal vez lo que falta en la TV es una jerarquización a la manera de diarios y radioemisoras. No todos los hechos violentos merecen portada, pero deben ir en espacios interiores. ¿Qué es una página interior en un telediario? Cuando el año pasado el Presidente Lagos se quejó de un recrudecimiento similar de información policial, dijo que en la televisión de Nueva York no se veía tal despliegue, pese a las altas tasas de criminalidad de esa urbe. Se le contestó que ello no era así. Lo que ocurre es que en EE. UU., como en todos los grandes países, sale al aire un noticiario central –a las 19 ó 20 horas- que no dura más de 30 minutos, y donde se condensan los grandes sucesos del país y el mundo. Pero antes van los informativos estatales o regionales y allí se abunda en notas locales de interés focalizado. En Chile debiera darse primero una media hora con una pauta equitativa, y después, un segundo bloque pródigo en notas dramáticas y policiales, reportajes especiales, deportes y cultura, junto a lo que va distintivamente a las regiones. Está claro, sin embargo, que la estrategia de los cerebros del “show de noticias” no es seccionar, sino mezclar, de modo de mantener cautiva a toda la teleaudiencia: tanto a aquel segmento que busca sensaciones –el miedo es una industria rentable desde que había sólo radio y cine-. como a ese otro que quiere simplemente informarse. Tal diseño de producción vale incluso para los deportes: que se haya estatuido un espacio fijo para ellos no significa que no habrá más para los hinchas en otros minutos del noticiario.
