Al fin ha ocurrido.
La resistencia social al neoliberalismo ha estallado.
Mas de medio millón de jóvenes se echaron a las calles y ocuparon cientos de escuelas, liceos y universidades requiriendo del estado pasaje escolar, raciones alimenticias, PSU, y exigiendo la derogación de la Ley Orgánico Constitucional de la educación impuesta por Pinochet el 10 de Marzo de 1990, último día de su dictadura y fue la instauración del neoliberalismo en la educación. El fin de esta como un derecho y su transformación en un negocio. En todos y cada uno de sus planteos nuestros estudiantes tienen la razón.
Durante más de 15 años veníamos denunciando lo perjudicial que resultaba mantener el modelo económico y social impuesto por la dictadura. Sin embargo, desde la izquierda política, en toda su extensión que va desde quienes se adaptaron resignada y lucrativamente al modelo a quienes se ensimismaron en un dogmatismo estéril, nunca fuimos capaces de generar una fuerza contundente, de significación nacional, en contra del neoliberalismo. Los que quizás podían no querían y los que querían no podían.
No estábamos solos, la siempre ponderada Iglesia Católica, denunció las desigualdades del modelo como “escandalosas”, sectores ajenos a toda sospecha de subversión como la corriente democratacristiana que encabeza el senador Adolfo Zaldivar también han criticado el modelo y pagado los costos políticos que ello implica. Gonzalo Martner ex presidente del PS también supo en carne propia que el sistema sólo tolera incondicionalidades.
Sin embargo, estas apreciaciones, documentadas, serias, contundentes, no tenían un correlato en la sociedad, en los que sufren el modelo. No era un tema de Marx, Stiglitz o Adenauer lo bueno sería cuando criticara el de la luz cortada, el viejo sin pensión, el trabajador desempleado o de sueldo miserable, el pequeño empresario arruinado por los tiburones bancarios o quizás, y por último, los estudiantes. Pero, en grande, nada pasaba.
Explicábamos esto diciendo que el ser sólo lo puede ser en el tiempo. Y que nuestras generaciones estaban marcadas por la caída del campo socialista y por nuestra incapacidad para derrocar la dictadura que determinó la transición más timorata y vergonzante de América Latina. Todo esclavo cimarrón lo ha pagado caro era la música ambiental. A lo cual cabía agregar que las políticas focalizadas (neoliberales) no sólo servían para enriquecer consultoras y ONGs sino también para mitigar los rigores de un sistema de capitalismo salvaje.
Pero, nuestro análisis no era lo suficientemente abarcador, nuestra concepción del tiempo como un todo único nos impidió prever inminencia de la avalancha. La anunciamos, pero como entidad histórica, en algún momento ocurrirá.
Visión reduccionista del tiempo la nuestra. El tiempo no es uno solo para todos en nuestra sociedad ni tampoco es único en su performatividad desplegada.
Ninguno del más de medio millón de jóvenes secundarios y de los miles de universitarios que participaron en el movimiento estudiantil vivió la caída del campo socialista como experiencia vivencial y política. Tampoco sufrieron la dictadura militar, ni las traiciones y vilezas que ha contenido la transición.
Nuestra juventud maravillosa no podía entonces ver el mundo sino como lo han visto todas la juventudes, y que es lo que ha hecho posible el avance de la humanidad. Un mundo que es posible cambiar, que la justicia social es posible. El ser juvenil en el tiempo, lo era en un tiempo distinto de las otras generaciones que conforman nuestro injusto Chile. Eso del hombre y sus circunstancias.
Pero el tiempo tampoco es un sólo.
Hay tiempos económicos, políticos, ideológicos. Desde un punto de vista político se ha avanzado bastante en la democratización de nuestra sociedad, tan es así que el sistema binominal parece tener sus días contados, los senadores designados ya no existen, como tampoco la inamovilidad de los comandantes en jefe, hay ley de financiamiento de los partidos
políticos. Hay organizaciones como el FPMR que miran con desprecio paradójico nuestra democracia, porque ellos ayudaron a construirla, pero que gozan de hecho de una legalidad impensada en otros escenarios. Falta democratizar los medios de prensa, pero desde un punto de vista institucional las cosas ya están en recta final para poder dejar de decir que vivimos una seudo democracia.
El tiempo económico. El discurso inhibitorio de las demandas sociales tenía un texto; no hay dinero, cualquier demanda social ahuyentara los imprescindibles inversionistas. El subtexto era amenazador, si hay efervescencia social los milicos pueden volver, dicho comunicacional y eufemísticamente; hay que cuidar la democracia.
Estos dos pilares de la dominación social en la transición se han desplomado. No hay condición alguna para golpes militares y Chile tiene un excedente de 10.000 millones de dólares como producto del mayor precio del cobre que necesariamente aumentará. Nunca Chile tuvo esa gigantesca masa de dinero en toda su historia. En definitiva, el mejor tiempo económico de Chile.
Simultáneamente hay 843 mil chilenos viven con menos de 500 pesos diarios, sufrimos una cesantía de no menos de un 15% real, y don Vitorio Corbo, Presidente del Banco Central, dice que si esta baja del 8% oficial se deberá intervenir para impedir el recalentamiento de la economía y que se produzca inflación. De productos no puede ser en una economía globalizada, el aumento es de la necesidad de trabajadores y por ende del aumento de los salarios, léase con todas sus letras; para que los empresarios mantengan sus exorbitantes ganancias, que eso es y no otra cosa. Es decir seguirán habiendo cientos de miles de cesantes en Chile, no por dificultades económicas sino por decisión política, para que los ricos sean aún más ricos.
El ministros Velasco ha dicho que el modelo neoliberal funciona estupendo.
Chile, tiene la mayor flota de guerra de superficie de toda su historia. Se compran cientos de nuevos tanques Leopard II, los Leopard I ya fallaron, flotas de F-16. abarrotan nuestros aeródromos militares. En el ínterin miles venden helados y chocolates en las micros o hacen acrobacias en cada esquina. Ahora vamos por un satélite. Necesitamos integración latinoamericana y no otra cosa.
Pero había también otro tiempo en desarrollo y en el cual nuestra juventud se inserta, el tiempo de la esperanza.
Michelle Bachelet en su campaña electoral difundió con el lenguaje físico y de las palabras la posibilidad de una conducción política distinta, acogedora y ciudadana se le conceptualizó. No autoritaria ni mesiánica agregaron los ciudadanos. Se abrían los tiempos de la esperanza, sin la amenaza parda y con la cuenta corriente rebosante.
Un curso esperanzador tiene el gobierno de Michelle: se aumentaron las pensiones, se le metió mano justiciera al mercado de la subcontratación y nos aprestábamos a ver lo mismo en la subcontratación del estado y una tarea mayor; la intervención en el negociado(sic) de la previsión del que profitan las AFPs. Todo muy correcto y muy ordenadito, por cierto, quizás demasiado, Paso a paso, cada cosa en su lugar y un lugar para cada cosa, todo a su tiempo. Ah, nada fuera del programa, se agregaba. Un optimista tecnológico podría haber sugerido gobernar con un sofware.
Pero esos eran los tiempos desde una mirada gubernamental cargada de tonalidades administrativas. En esa perspectiva se configuró el gobierno, con cierto desprecio por las lógicas propias de la política. No era un desprecio total pues se dispusieron fichas en los casilleros de la experiencia política, unas pocas, pero en casilleros cargados de conservadurismo, respecto de los cuales la ciudadanía ya había opinado.
La aplicación del neoliberalismo a la educación ha significado la devaluación de la vida académica y universitaria a grados risibles, por estos días se anuncia la entrada en funciones de la Universidad de Iván Zamorano, gran cabeceador de centros pasados, que sin tener siquiera licencia secundaria, nos ofrece a su propio dueño como parte del plantel académico, cosa más grande. Hay rectores de universidades privadas sin siquiera el grado de licenciado. Miles de titulados en Universidades privadas donde el cliente tiene la razón, endeudados hasta las calendas griegas entran al mercado laboral a engrosar la legión de los cesantes.
En el ámbito de la educación básica y secundaria se pide licencia media para ser sostenedor. Luego vía Jornada Escolar completa se le regala la mitad del edificio construido al efecto. Las Municipalidades pobres ven erosionarse su presupuesto para cubrir las necesidades de sus colegios que la subvención estructuralmente no alcanza a cubrir. De paso el Departamento de Educación Municipal permite al alcalde pagar favores de manera menos ostensible de lo que lo resultaría directamente en el Municipio.
La educación se bifurca entre una para ricos y otra para pobres. Ninguno de sus cometidos esenciales: crear un ciudadano, capacitar para el ingreso al mercado laboral, integración social(movilidad social), se cumple. Antes lo contrario.
Las cosas debían estallar y estallaron.
Respondió bien la Presidenta al movimiento estudiantil, no así su equipo de gobierno, todos lo vimos, huelgan los comentarios. Se aumentaron los recursos destinados a la educación, pero manteniendo el principio neoliberal de la subsidiariedad y no reconociendo la educación como un derecho de cobertura universal. Se sancionó a los policías que apalearon periodistas y estudiantes como en dictadura. .
Se ha creado una comisión para tratar el tema de fondo de la educación, la LOCE. Es la hora de la verdad. El gobierno dirá de que lado está: del neoliberalismo o de las mejores tradiciones de la modernidad, la de Rousseau y Kant y el estado y la educación en la creación de un ciudadano, con Aníbal Pinto; educación pública, democrática y gratuita, con Pedro Aguirre Cerda y eso de que gobernar es educar.
Que cada cual asuma su lugar y responsabilidad històrica.
ROBERTO AVILA TOLEDO
ABOGADO CONCEJAL
MIEMBRO DEL COMITÉ CENTRAL DEL PS DE CHILE
