También es el primer avance en la política exterior de los Estados Unidos en la región. No podía ser de otra forma: se venció con una consigna dura contra la insurgencia y la descomposición del estado, término que se impone a la hora de anticipar el volumen de la disidencia. Un tercio de los que votaron lo hicieron en contra del plan duro de Uribe, ¿dónde se ubica el 50% que se abstuvo?
Sin embargo es válido hacerse la pregunta: ¿Es así como se reconstruyen o protegen los estados después de más de un siglo de liberalismo? ¿ O es que en el caso de Colombia el liberalismo no existió realmente?
Pero a todas luces, el triunfo que sí es político, es el de Carlos Gaviria porque no lo hace desde la posición de un estado que se protege con extrema violencia. Bajo estas condiciones lo de Carlos Gaviria, es un triunfo civil inequívoco.
Este es el punto clave de por qué la abstención en la elección presidencial en Colombia de un 50% y el contingente de 220 000 soldados y policías, es el factor menos destacado en el compacto mediático que resalta el triunfo de Uribe. Lo que importaba era destacar que Alvaro Uribe se convertía en el “salvador” del Estado colombiano en vías de la desintegración.
Con esta situación, no es ni aplastante el triunfo de Alvaro Uribe con el 62 %, ni es desolador el resultado del Polo Democrático encabezado por Carlos Gaviria con un 22%. Lo que sí es dramático pero esperable, es la virtual desaparición de los matices entre conservadores y liberales que predominaron la política colombiana por todo un siglo, si algunas vez existieron.
Ni nuevas izquierdas ni nuevas derechas
La tentación es a pensar que ahora Colombia tiene una izquierda y una derecha, como si nunca hubiera existido esa división.
De acuerdo a las características de la política colombiana, esas diferencias siempre existieron, con un rasgo fundamental: de que la mayor parte de la masa crítica de pensamiento y acción operacional de la izquierda se fue a la montaña más de 50 años atrás. El signo de una precocidad inusual en el continente americana, incluyendo México, con su emblemático Estado de Guerrero, y el ahora mediático movimiento Zapatista.
La derecha por otra parte, siempre fue violenta al extremo. Me decía una analista colombiana de Cali, que “así como a las FARC por estar con las armas en formato de guerrilla, no se les incorpora en la matriz política, a los liberales y conservadores no se les incorporaba en la matriz bélica o armada, por el solo hecho de estar en el poder y en la política formal con una pátina de civilidad pacifica”.
Históricamente, conservadores y liberales disfrazaron muy bien una violencia interna que es estructural. No es que hayan desaparecido liberales y conservadores y con ellos su clientelismo político , sólo es que abrieron las cartas en forma más frontal, y están representados mayoritariamente en Uribe. Sino no se explica el magro resultado del liberal Horacio Serpa con 11.8 %.
Va a emerger el cliché de fácil propagación de que Colombia está hoy más polarizada que antes con el triunfo de Alvaro Uribe por un 62 y algo por ciento, y que la izquierda está de alzada con el 22% del Polo Democrático construido en torno al ex Juez Carlos Gaviria.
Ni uno ni lo otro. La polarización en Colombia es de larga data.“Liberales y conservadores se sumergieron en la lucha anti guerrillera hace muchas décadas atrás”.nos dice una fuente.
En el modelo operacional que se ajusta a la política exterior de los Estados Unidos para la región de América del Sur, Colombia representa no la situación ideal, pero sí un modelo que avanza y que tiene espacio para el ajuste. Es la radicalización de la protección del estado- léase también violencia institucionalizada- y el fraccionamiento del país en zonas de concentración de la insurgencia.
En este sentido el crecimiento de la izquierda representada por Carlos Gaviria es una herramienta de dos cabezas: La primera es de generar una expectativa inusual en la izquierda tradicional. La segunda, pero no menos importante, es la de desmovilizar o desvincular la parte armada de la descomposición del estado y la sociedad civil, respecto a la política formal y urbana.
Se está propagando en un sector del análisis que si en cuatro años esta izquierda que apoyó a Gaviria, cuadruplicó sus votos, en otros cuatro años estarían en condiciones de disputar con opciones el poder. Este crecimiento no obstante hay que observarlo a la par con el crecimiento de la violencia del Estado hacia las FARC y no con una disminución de la violencia institucionalizad, que afecta el crecimiento de la postura disidente. Por eso que Colombia se sitúa en el abismo de: a mayor oposición a Uribe, mayor endurecimiento de la violencia institucional.
En una primera instancia, los que votaron a Uribe, votaron por más armas y mas control militar en la vida civil, en una suerte de “fascistización”, de la sociedad, aunque este término aplicado fuera de Italia, es limitado. En una segunda mirada hay que admitir que el que votó a Uribe, lo hace por una gran cuota de desesperación civil ante tanta violencia, y opta por la figura del que está en el poder. Pero no es tan simple el esquema.
El lenguaje de los medios acoplados con la idea del triunfo del Estado fuerte, como que la tesis de Uribe y en consecuencia la de los EEUU hubiera vencido, es la continuidad del espejismo de estado liberal, y de por qué la política en Colombia no puede verse con las matrices occidentales binarias y dicotómicas que estimulan la contracción analítica habitual.
También se promueven, atractivos análisis de última generación tendientes a deconstruir un tipo de nacionalismo, que no estaría con la pos modernidad- pos colonial que se inscribe en la clave individualista de una nación global. El nuevo slogan de un liberalismo de dudosa consistencia colectiva, es la construcción de un individuo globalizado.
Colombia es la más asiática de las naciones de América latina, en el sentido de mantener aún, espacios de relación y funcionamiento social, de carácter feudal o semi feudal. La situación es comparable con el Noreste del Brasil, algunas fronteras observadas en Corrientes y Misiones en Argentina, o los territorios que votaron mayoritariamente por Evo Morales en Bolivia o el trato con la población mapuche en Chile.
Lo que está sucediendo en Colombia con la reciente elección presidencial que le da un mandato a Uribe por otros cuatro años, es una especie de proceso de refundación del Estado colombiano. No obstante, principalmente por el grado de abstención, que es más aplastante que el triunfo de Uribe mismo, el triunfo de Uribe en la perspectiva de un verdadero estado liberal, es estrecho y minúsculo. Sobretodo si uno incorpora en el análisis, la cantidad de fuerza militar y policial que salieron a las calles a consolidar lo que era un triunfo anunciado de un estado militarizado.
