En el día 59 de la huelga de hambre declarada por los tres mapuches y una mujer chilena, a miles de kilómetros y en gira internacional por algunos países europeos, la Presidenta Michelle Bachelet, saludaba a Saramago quien al darle la mano le dijo a ésta: “no se olvide de los mapuches”, recordatorio que tampoco fue capaz de quebrar el hielo que se autoimpuso el gobierno chileno para no enfrentar el asunto en cuestión.
Del encuentro que Bachelet tuvo con Evo Morales el Presidente de Bolivia en Viena, la prensa chilena destaca que ellos hablaron de cuestiones limítrofes y energéticas. Pero mis colegas periodistas no quisieron destacar que Bachelet saludaba al primer Presidente Indígena de América Latina y que hubiese sido “la instancia” para haberle preguntado por la situación de los presos mapuches.
Los derechos humanos no sólo se violaron en la dictadura chilena y de esto saben muy bien los pueblos originarios chilenos. Lo que quizás ahora haya cambiado sea la causa, es decir, que se haga “en nombre el interés de la nación” lo cual legitima cualquier acción tendiente a consolidar a Chile como un país, con un modelo económico a imitar. Lo que cambia públicamente eso sí, son los sujetos sobre los cuales se ejerce la violación. Porque durante la dictadura, las violaciones se ejercieron en su mayoría sobre quienes hoy ocupan cargos de poder, profesionales, miembros de una élite social e intelectual, que conocieron de cerca la macabra mano del dictador y sus secuaces por el sólo hecho de pensar y querer forjar un país distinto.
Como poco se conoce del informe Rettig es necesario decir que hay un número considerable de mapuches que fueron detenidos y detenidas y que hoy siguen desaparecidos y desaparecidas. También hay ejecutados y ejecutados. Lo que también sigue existiendo para nuestra vergüenza, es que, por temor a represalias algunas familias mapuches, por desconexión geográfica o simplemente por dolor, todavía crean que sus familiares se fueron de casa.
He aquí un punto de conexión Bachelet- Presos mapuches, que quizás podría hacer romper el manto de hielo con el cual el Gobierno de la Presidenta Bachelet de ha cubierto en estos días. Porque en aquellos años de felicidad de los que la Presidenta fue protagonista, donde la tierra era para quien la trabajase y grupos de jóvenes iban hasta los recónditos lugares de nuestra geografía con el interés de educar en la organización a los campesinos y campesinas chilenos y mapuches, en esos momentos también las demandas de tierra, de reconocimientos de derechos por parte de quienes lideraban el movimiento mapuche, estaban presentes.
Cada Gobierno de la Concertación, en épocas de campaña electoral se dedica a prometer el cielo y la tierra para los pueblos originarios, firma nuevos tratos, arma comisiones para analizar situaciones coyunturales, y públicamente se muestra abierto y dispuesto en apoyar iniciativas de “desarrollo para sacarlos de la pobreza”. Pero por el otro lado, que no es el público, aumenta el contingente policial en las comunas con alta concentración de población mapuche, traslada la élite de las fuerzas especiales con renovada indumentaria. Allana las casas de la gente en las madrugadas, fortifica las mansiones de los patrones de fundo y las plantaciones de las forestales.
Por su parte, la derecha chilena, latifundista por oficio, que llegó a los territorios mapuches por el acontecimiento genocida de La Pacificación de La Araucanía, que se instaló allí hasta nuestros días, empleando a los mapuches como sus peones y creyéndose dueños de sus almas y cuerpos afirma con sentencia “que ya no son mapuches si no chilenos”; sigue practicando la retórica discursiva de afirmar que los mapuches “son gente tranquila” y que “las acciones delictivas y terroristas de algunos tienen que ver con el apoyo que reciben de movimientos sesionistas internacionales, como los zapatistas mexicanos, los vascos en España, etc.” Sin embargo, es un factor digno de análisis, que la derecha siempre triunfe en estos territorios, aunque sus representantes en el Congreso se desgasten la garganta emanando adjetivos que entrarían en la categoría de “enunciados racistas” y aunque sean ellos mismos los que interponen las querellas y soliciten la aplicación de la famosa Ley Antiterrorista. De hecho, el Senador Espina (RN) es uno de los autores de un proyecto de Ley que iba en esta línea y proteger así los intereses empresariales de la IX Región. Este proyecto lo trabajó en conjunto con el Almirante Jorge Martínez Busch cuando éste todavía era senador.
Hoy es el día 60 de la huelga. Los protagonistas de esta huelga han sido claros en que no depondrán su actitud mientras el Ejecutivo no envié en carácter de suma urgencia un proyecto de ley que podría otorgarles el derecho a la libertad provisional. Hasta el momento, no ha habido intervenciones de nadie de Ejecutivo, que al menos de una señal de que el asunto podría estarse estudiando.
Movimientos feministas internacionales que en su momento miraron con ojos esperanzadores la llegada de una mujer a la presidencia chilena, ya comienzan a escribir acerca del estereotipo de “Dama de Hierro”, con el cual lidió Margaret Thatchert durante toda su vida política para referirse a la omisión que la Presidenta Bachelet ha realizado de la situación de los huelguistas.
Y las preguntas quizás sean: ¿qué está esperando el Ejecutivo?, ¿qué intereses se barajan o mejor dicho, qué se está negociando políticamente?; ¿porqué nos obligan a observar con impotencia cómo cuatro personas se mueren de hambre, por decisión propia, sí, pero por una acción de protesta ante lo que ellos y ella y muchas otras personas consideramos una injusticia?. ¿Acaso no basta con revisar el proceso judicial que los sentenció para darse cuenta de que efectivamente se trata de un proceso oscuro, repleto de irregularidades, con declaración de testigos encubiertos, con suculentos pagos por testificar en contra de los ahora huelguistas?.
Porque aún quedamos quienes nos negamos a ser meros observadores y observadoras de hechos que nos definen como sociedad, y nos negamos a formar parte de esa masa que está pendiente de arreglar sólo su metro cuadrado. Porque con esa ideología de hacer que nada importa no llegaremos a ninguna parte. Porque en estos tiempos quienes deciden declararse en huelga de hambre y así desafían al poder establecido que aún carga con herencias de la dictadura, se merecen todo el respeto y sobre todo, una respuesta.
De nada servirán las cartas que navegan por el galaxia electrónica, ni las manifestaciones estudiantiles, ni los pronunciamientos de asociaciones civiles chilenas y extranjeras si los que ahora están en el poder han olvidado sus vivencias y la forma en cómo fueron tratados y tratadas. Y no seremos nada sin nuestros ayeres, sin que aprendamos de los errores del pasado, y sigamos excluyendo de la discusión medular a los y a las que por el hecho de sentirse y de afirmarse diferentes, reclaman por los atropellos e injusticias.
