google-site-verification: google096975d001c6a771.html
Agosto 19, 2026

Concertación: Miedo a debatir o amenaza de quiebre

Cada cierto tiempo suelen surgir amenazas y miedos de quiebre o rompimiento al interior de la Concertación de Partidos por la Democracia como producto del tratamiento de temáticas que no han alcanzado aún los consensos mínimos para ser propuestos al país. En opinión de algunos, el proyecto sobre eutanasia presentado a la Cámara de Diputados por algunos parlamentarios socialistas ha reabierto el debate acerca del verdadero carácter de la unidad y de la cohesión política existente en la coalición de gobierno.

Para la ciencia política el estudio de las coaliciones de partidos constituye uno de los elementos claves para llegar a entender los rasgos políticos que configuran la cultura cívica de una sociedad. Es decir, a través de las formas en que se construyen las relaciones de amistad cívica entre los partidos coaligados, los mecanismos usados para construir acuerdos y para resolver las diferencias políticas, los comportamientos de los liderazgos partidarios frente a las coyunturas, las conductas de los partidos en el parlamento, las instancias de trabajo y de coordinación de las militancias partidarias en los espacios sociales, territoriales y culturales, entre otros, es posible identificar con cierta objetividad los elementos político-culturales que contribuyen a mantener la unidad y la cohesión política por sobre la diversidad y las diferencias existentes.  

La Concertación es sin duda la alianza de partidos más amplia y duradera en la historia política de Chile. Surge para enfrentar una coyuntura histórica trascendental para el futuro de la democracia y es -al mismo tiempo- depositaria del conjunto de aprendizajes políticos de los partidos coaligados que fueron opositores a la dictadura militar que se extendió en el país entre 1973 y 1990.

La convicción acerca de la importancia de la unidad política aparece como elemento relevante para entender la permanencia de la Concertación en el tiempo. Claramente es un tipo de unidad que privilegia aquello que unifica por sobre lo que divide. El respeto a la diversidad y a las diferencias entre los partidos es otro de los elementos claves. La capacidad de entendimiento y de construcción de acuerdos es otro factor que refleja cierta comunidad de intereses y de propósitos que se han materializado en sucesivos programas de gobierno. Siendo así, ¿qué explica entonces el surgimiento de lógicas amenazantes cuando fuera de las agendas acordadas son planteados temas cuyos fundamentos generan posturas discrepantes?

Es sabido que en la Concertación cohabitan visiones ideológicas y proyectos de sociedad basados en principios y valores humanistas claramente diferenciadores y discrepantes. Los denominados temas valóricos son los que activan las diferencias entre los partidos, predisponiendo muchas veces las conductas y los comportamientos políticos de sus autoridades, parlamentarios y militantes.
                    
Desde una perspectiva clásica, una diversidad de visiones ideológicas dan vida a una coalición pluripartidista e interclasista. El humanismo cristiano, laico y marxista está presente en las concepciones políticas de sus militantes. En términos generales, entre los militantes concertacionistas es posible identificar posturas conservadoras, liberales, progresistas y libertarias. Una riqueza que más bien constituye una fortaleza más que una debilidad para la Concertación..

Lo más propio de una coalición política y de los partidos que la integran es debatir ideas y propuestas ante el país acerca de la realidad sociopolítica en la que se inserta y respecto de los problemas y temas de preocupación constantes para la población. No hacerlo sería vaciar a la actividad política de su contenido más significativo, la cosa pública, y trasladarla a restringidas y controladas instancias partidarias de discusión y de elaboración de acuerdos, prescindiendo de la riqueza y del valor de la opinión de la ciudadanía.

El vaciamiento de la actividad política ha sido una constante en los últimos años. La política se elitiza, la ciudadanía se distancia y la discusión política acerca de los grandes temas nacionales comienza a instalarse fuera de los partidos, más precisamente en centros de estudios, en corporaciones o en fundaciones de las más diversas inspiraciones ideológicas. Incluso el candidato Ricardo Lagos en 1999, al término de la primera vuelta y con ocasión del resurgimiento de las disputas al interior de la Concertación entre autocomplacientes y autoflagelantes, señaló que esos debates debían ser llevados a los centros de estudios y no realizarlos en los partidos políticos.

No obstante lo señalado y volviendo al comienzo de este artículo, en respuesta a la presentación del proyecto sobre eutanasia, la democracia cristiana manifestó que no se podía dejar sorprender por sus socios de coalición frente a temas de carácter valóricos. Sorprende el planteamiento porque los denominados temas valóricos no son privativos de uno u otro sector. Tampoco parece aceptable restringir o censurar la legítima opinión política de un partido porque otro no la comparta.

Ocurrió algo similar cuando fueron planteados los primeros proyectos sobre divorcio, sobre el aborto, o respecto de las campañas de prevención del sida, educación sexual, reparto de preservativos o de la recordada “píldora del día después”. Si bien son temas que desde el punto de vista ideológico, valórico y cultural tienden a dividir, nadie puede sostener seriamente que en la realidad cotidiana de cientos de miles de personas sus efectos y consecuencias suelen ser determinantes para la calidad de sus vidas.

¿Los miedos y las amenazas recurrentes al interior de la Concertación a qué responden entonces? ¿Miedo a volver a situar la cosa pública -la actividad política- en el ámbito de la sociedad civil, de la ciudadanía y de la comunidad? ¿Amenazas a romper los equilibrios de poder político y a terminar con la aparente homogeneidad ideológica que impide que emerjan con más fuerza las diferencias partidarias, con sus respectivas consecuencias electorales?

Independiente de los miedos y de las amenazas que puedan constatarse en la Concertación, está claro que la sociedad chilena requiere de debates y de construcciones colectivas de propuestas políticas para resolver los temas sociales más urgentes. La sociedad se fortalece y los sujetos sociales y políticos adquieren mayor relevancia cuando la actividad política da cuenta de sus intereses y demandas.

Por su parte, los partidos tienen un rol fundamental en el desarrollo de procesos de densificación política de la sociedad civil y de construcción de actores sociales y de sujetos colectivos favorables a los cambios y a las transformaciones sociales.