La primera visita oficial a España de la Presidenta de la República de Chile, Michelle Bachelet, no podía haber tenido mejores resultados. Los documentos suscritos con el Presidente del Gobierno español, José Luis Rodríguez Zapatero; el especial gesto del Rey de España, Don Juan Carlos, de invitarla a una cena de gala con empresarios y personalidades hispanas, saltándose las normas protocolarias al no tratarse de una visita de Estado; la masiva presencia de medios de comunicación (no sólo españoles, sino de todo el mundo) allí por donde pasaba; y la notable expectación popular en todos los actos en que participó, nos obligan a afirmar sin temor a que nos acusen de exagerado de que Michelle Bachelet conquistó a España.
Estuvo poco más de 24 horas en Madrid, pero fueron cuidadosamente programadas y al máximo nivel: cenó con los Reyes y empresarios; se reunió en el Palacio de La Moncloa con el Presidente del Gobierno; recibió un importante premio del Foro Nueva Economía en el elegante Hotel Ritz (en un espectacular desayuno con alrededor de 300 invitados de todos los sectores de la sociedad hispana); se reunió con la intelectualidad española (incluido Saramago) y representantes de la colonia chilena, en un emotivo acto en la Casa de América; descubrió una placa en donde vivió Gabriela Mistral; cenó con una más que nutrida representación femenina, con la Vicepresidenta del Gobierno español –María Teresa Fernández de la Vega- como anfitriona; y tuvo un gesto muy bien valorado al entrevistarse con el líder de la oposición, el derechista Mariano Rajoy. Luego emprendió viaje a Viena para participar en el Encuentro de Jefes de Estado y de Gobierno de Europa y América Latina.
No puedo dejar de destacar que estas 24 horas de Michelle en España, aprovechadas al máximo posible…y más allá, merecen el reconocimiento al buen trabajo de ambos Ministerios de Relaciones Exteriores, al trabajo de hormiga del Embajador Enrique Krauss (que se despide de esta Misión) y de su equipo, junto al del personal de la Cancillería chilena desplazado aquí para la ocasión, bajo la batuta del Director de Protocolo, Fernando Ayala. Gracias también a ese trabajo bien hecho, Michelle está en todas las portadas de la prensa de aquí, además de haber alcanzado acuerdos significativos en beneficio de nuestro país. Por qué no decirlo: la Presidenta ha dado una talla internacional que no se le conocía y que, incluso, algunos llegaron a ponérsela en duda.
Dicho todo esto, me gustaría detenerme en aspectos colaterales que me parecen también significativos. Por ejemplo, que en todos sus discursos la Presidenta chilena mantuvo un equilibrio y moderación que los españoles se lo deben de agradecer. Con toda claridad y sencillez, Michelle Bachelet envió mensajes de tranquilidad a un empresariado español que invierte muy fuerte en América Latina. Y mensajes de implícita solidaridad con las autoridades gubernamentales que están preocupadas con las últimas medidas anunciadas por Evo Morales y que afectan directamente a empresarios españoles. Pero esos mensajes de Michelle igualmente llevaban una carga de profundidad importante, relacionada con el progreso, el asentamiento y desarrollo de los procesos democráticos en América Latina, con la autodeterminación y con la lucha contra las desigualdades.
Fue curioso comprobar como el verbo moderado de Michelle Bachelet con respecto a la igualdad de oportunidades entre hombres y mujeres, fue interpretado aquí con mayor radicalidad feminista. La propia Vicepresidente Primera del Gobierno español, María Teresa Fernández de la Vega, quedó en evidencia con aspectos puntuales de su discurso cuando le entregó el Premio del Foro Nueva Economía. Y entre ayer y hoy la española ha sido criticada desde la oposición y su prensa por haber organizado una enorme cena solamente para mujeres.
También Michelle demostró que conoce en profundidad a España y sus costumbres, cuando “lidió” con la maestría de un torero, las reflexiones en voz alta de José Saramago referidas al pueblo Mapuche. El Premio Nobel portugués, que vive en España desde hace muchos años, le pidió solidaridad con los mapuches. Y Michelle le respondió con la elegancia de un experimentado torero hablando de todos los pueblos indígenas de nuestro país y de su vocación de avanzar en la misma igualdad de oportunidades de la que le dedica a las mujeres.
No me quiero extender más en estas cuestiones periféricas que sólo sirven para dar una imagen de lo que significó esta fugaz visita de nuestra Presidenta a Madrid. Solamente quiero agregar una consideración más, personal, que se transforma en la expresión de un deseo: Michelle Bachelet tiene un algo especial que conquista, que atrae. Como una suma perfecta entre simpatía y empatía. Yo le llamaría habilidad natural y brillante sencillez, junto con claridad de ideas. Con tales elementos construye un halo esperanzador que envuelve todo lo que dice y planifica. Con ello conquista, atrae e ilusiona.
Ojalá pueda cumplir sus proyectos y programas.
No puedo dejar de destacar que estas 24 horas de Michelle en España, aprovechadas al máximo posible…y más allá, merecen el reconocimiento al buen trabajo de ambos Ministerios de Relaciones Exteriores, al trabajo de hormiga del Embajador Enrique Krauss (que se despide de esta Misión) y de su equipo, junto al del personal de la Cancillería chilena desplazado aquí para la ocasión, bajo la batuta del Director de Protocolo, Fernando Ayala. Gracias también a ese trabajo bien hecho, Michelle está en todas las portadas de la prensa de aquí, además de haber alcanzado acuerdos significativos en beneficio de nuestro país. Por qué no decirlo: la Presidenta ha dado una talla internacional que no se le conocía y que, incluso, algunos llegaron a ponérsela en duda.
Dicho todo esto, me gustaría detenerme en aspectos colaterales que me parecen también significativos. Por ejemplo, que en todos sus discursos la Presidenta chilena mantuvo un equilibrio y moderación que los españoles se lo deben de agradecer. Con toda claridad y sencillez, Michelle Bachelet envió mensajes de tranquilidad a un empresariado español que invierte muy fuerte en América Latina. Y mensajes de implícita solidaridad con las autoridades gubernamentales que están preocupadas con las últimas medidas anunciadas por Evo Morales y que afectan directamente a empresarios españoles. Pero esos mensajes de Michelle igualmente llevaban una carga de profundidad importante, relacionada con el progreso, el asentamiento y desarrollo de los procesos democráticos en América Latina, con la autodeterminación y con la lucha contra las desigualdades.
Fue curioso comprobar como el verbo moderado de Michelle Bachelet con respecto a la igualdad de oportunidades entre hombres y mujeres, fue interpretado aquí con mayor radicalidad feminista. La propia Vicepresidente Primera del Gobierno español, María Teresa Fernández de la Vega, quedó en evidencia con aspectos puntuales de su discurso cuando le entregó el Premio del Foro Nueva Economía. Y entre ayer y hoy la española ha sido criticada desde la oposición y su prensa por haber organizado una enorme cena solamente para mujeres.
También Michelle demostró que conoce en profundidad a España y sus costumbres, cuando “lidió” con la maestría de un torero, las reflexiones en voz alta de José Saramago referidas al pueblo Mapuche. El Premio Nobel portugués, que vive en España desde hace muchos años, le pidió solidaridad con los mapuches. Y Michelle le respondió con la elegancia de un experimentado torero hablando de todos los pueblos indígenas de nuestro país y de su vocación de avanzar en la misma igualdad de oportunidades de la que le dedica a las mujeres.
No me quiero extender más en estas cuestiones periféricas que sólo sirven para dar una imagen de lo que significó esta fugaz visita de nuestra Presidenta a Madrid. Solamente quiero agregar una consideración más, personal, que se transforma en la expresión de un deseo: Michelle Bachelet tiene un algo especial que conquista, que atrae. Como una suma perfecta entre simpatía y empatía. Yo le llamaría habilidad natural y brillante sencillez, junto con claridad de ideas. Con tales elementos construye un halo esperanzador que envuelve todo lo que dice y planifica. Con ello conquista, atrae e ilusiona.
Ojalá pueda cumplir sus proyectos y programas.
Y que la dejen trabajar, oposición y falsos adherentes, con la perspectiva de Chile en el horizonte.
