google-site-verification: google096975d001c6a771.html
Agosto 18, 2026

Elecciones Socialista: Unos días después

Han transcurrido poco más de dos semanas desde que los militantes socialistas marcharon a las urnas para elegir a sus nuevos dirigentes. El rigor de la competencia electoral, la necesidad de poner de  relieve las diferencias, las estrategias destinadas a posicionar los liderazgos internos, la pasión que suele encender los discursos ha declinado y bien vale plantearse la siguiente pregunta: ¿Qué ha cambiado desde entonces en el PS?

Es verdad que aún no se constituye el Comité Central y por lo mismo no se ha podido conformar la nueva dirección política del Partido. Tanto en regiones como en las comunas del país lentamente comienza a adquirir una nueva imagen e identidad la estructura partidaria. Sin embargo, más allá del evidente apoyo partidario al gobierno de Michelle Bachelet aún no se conoce la nueva línea política del PS para enfrentar el período.

Las recientes elecciones internas, quizá las más pobres, débiles y desaliñadas desde el punto de vista de la generación de debate político, de intercambio de ideas y de la confrontación de propuestas políticas y programáticas desde que se produjera la unidad del socialismo en diciembre del año 1989, por ahora resolverán parcialmente las disputas entre las distintas corrientes de opinión y no producirán avances significativos respecto de lo que los militantes y el pueblo socialista quieren como partido para el Chile del siglo XXI.

Algunos candidatos quisieron ver en el proceso de elecciones internas una cuestión vinculada sólo al campo de las lealtades o incondicionalidades frente al gobierno de la militante socialista Michelle Bachelet. Nada más lejos de la realidad y de las exigencias de los nuevos tiempos. Es cierto, la política de un partido no puede circunscribirse únicamente a la definición de una estrategia de apoyo a un gobierno del que forma parte. Hacerlo sería hipotecar en gran medida sus aspiraciones de interpretar y entregar conducción política a los sectores sociales que busca representar.

Por lo demás, desde el golpe militar de 1973 los socialistas han entendido y comprendido muy bien el significado de la responsabilidad y de la lealtad político-partidaria frente a los gobiernos de los que han formado parte, más aún si quien dirige el país proviene de sus filas. Es posible encontrar numerosos textos y artículos partidarios y de militantes en lo que se reconoce el valor de la lealtad y de la responsabilidad política cuando se es gobierno. En consecuencia, el debate generado en torno a la disputa entre lealtad versus incondicionalidad fue más bien artificioso y un pálido reflejo respecto del rol a desempeñar por el PS en los próximos dos años.

En este contexto, la lealtad del PS hacia el gobierno y con la presidenta Michelle Bachelet está asegurada. Existe compromiso con el programa presentado a la ciudadanía, particularmente respecto de la necesidad de avanzar en la conformación de un sistema de protección social para todos los chilenos y también con las medidas que buscarán disminuir las desigualdades, las injusticias, las discriminaciones y la falta de oportunidades para los sectores sociales más vulnerables. En todo caso, es importante recordar que el programa de gobierno no es exclusivamente del PS sino del conjunto de partidos que dan vida a la Concertación.

No obstante lo señalado, el PS no puede renunciar a dos aspectos sustanciales de todo partido político en el poder. Por un lado, a la profundización y/o ampliación del programa de gobierno a través de la acción propositiva de sus dirigencias partidarias y de sus parlamentarios en el congreso. Y por otro, a la crítica constructiva y franca ante los eventuales errores del gobierno, a los desaciertos de su gestión o a las sugerencias de cambios cuando éstos sean percibidos como necesarios.

En estas elecciones también fue planteado con fuerza por algunas candidaturas el término definitivo de la antigua división del PS producida en el año 1979. Se argumentó que la conformación de una nueva mayoría política interna había superado los agrupamientos surgidos tras la división partidaria. Nada más distante de la realidad y del conocimiento de las dinámicas internas que han caracterizado a todos los procesos de elección de autoridades desde 1990 en adelante.

La división del PS en el año 1979 obedeció y respondió a una coyuntura política excepcional. La derrota del gobierno de la Unidad Popular, la muerte de numerosos militantes, entre ellos el Presidente Salvador Allende, y la definición de la estrategia más apropiada para recomponer al PS, reconstruir la izquierda y recuperar la democracia para Chile, entre otras razones, provocaron la diáspora del socialismo y la posterior articulación de agrupamientos que tomaron indiscriminadamente la denominación socialista.

En diez años de división y de descalificaciones numerosas orgánicas políticas se estructuraron en torno al nombre Partido Socialista de Chile, siendo el PS Almeyda y el PS Altamirano (Briones, Núñez y Arrate) los más significativos, tanto desde el punto de vista de la influencia política como del número de sus miembros. En el período de división surgieron dos visiones acerca del socialismo. Una visión más dogmática, latinoamericanista, apegada a la experiencia de la Unidad Popular, a la tradición de izquierda, popular y nacional del partido, al legado de Allende y al rol del Estado en el desarrollo de la sociedad chilena. La otra, una visión renovada, no dogmática, que rescataba lo más genuino y original del pensamiento socialista chileno, de fuerte influencia de la socialdemocracia europea, menos estatista y abierta a conformar alianzas con sectores del centro político.

La unidad del socialismo de 1989 y el Congreso de Unidad Socialista Salvador Allende de 1990, en el que participaron otras corrientes socialistas (MAPU, IC, Radicales) dieron inicio a procesos sucesivos de síntesis política que debieron culminar con un pensamiento y propuesta socialista madura, moderna, libertaria y representativa de la diversidad interna y de los sectores populares y sociales más postergados del país. Con el tiempo el proceso de síntesis política se interrumpió y los acuerdos cupulares entre las corrientes de opinión comenzaron a restringir la participación de la militancia. La orgánica territorial se debilitó y las elecciones han ido reemplazando paulatinamente  la vida interna, siendo actualmente éstas el principal vehículo de expresión para la militancia.

En otras palabras, los procesos electorales internos no han abierto suficientemente espacios de discusión de ideas, propuestas e iniciativas acerca del PS y su rol en el Chile del siglo XXI, no han favorecido los procesos de síntesis ni han facilitado el surgimiento de nuevos liderazgos partidarios que contribuyan al desarrollo de síntesis política superiores que efectivamente superen los agrupamientos internos de antigua data. Muy por el contrario, hasta ahora las corrientes de opinión han visto en los procesos electorales la posibilidad de consolidar sus influencias y cuotas de poder, buscando alianzas incluso entre quienes antes fueron adversarios casi irreconciliables, pero de síntesis política y de genuina participación nada.

En este contexto, las nuevas autoridades del PS deberán resolver cuestiones políticas sustanciales que demarcarán el derrotero partidario de los próximos dos años y que al mismo tiempo cimentarán las bases sobre las cuales construir las estrategias destinadas a enfrentar las elecciones municipales del año 2008 y las presidenciales y parlamentarias del 2009. Deberá conjugar inteligentemente procesos tanto internos como en el seno de la sociedad civil a la que aspira interpretar y representar.

El PS deberá establecer nítidamente el tipo de relación de colaboración y cooperación con el gobierno de la Presidenta Michelle Bachelet. Junto con la debida lealtad deberá desplegar diversas estrategias que le permitan proyectar exitosamente su identidad, perfilar su liderazgo en el gobierno y aumentar su presencia tanto en los municipios como en el parlamento, intentando superar el 10% de respaldo ciudadano. El Partido de la Presidenta para los próximos cuatro años tendrá el desafío de aumentar su peso e influencia política en el sistema.

El carácter y necesaria redefinición de la coalición de gobierno constituirá otro de los temas a los que el PS deberá dedicarse con especial interés. Proyectar a la concertación hacia el bicentenario y dotarla de un nuevo proyecto democratizador será un enorme desafío para los partidos que la integran. Un proyecto de desarrollo progresista para el Chile del siglo XXI, que armonice democracia y participación, desarrollo y seguridad social, crecimiento económico inclusivo y cuidado del medio ambiente, integración al mundo globalizado y reencuentro con américalatina, entre otros.

La modernización política y la actualización orgánica será otro gran desafío para el PS y sus nuevas autoridades. El partido deberá convocar a sus militancia para que se pronuncie acerca del tipo de instrumento para la lucha social y política que el Chile actual y futuro requiere para avanzar hacia la consecución de sus objetivos políticos y programáticos. Significa que el PS deberá avanzar internamente en la promoción de nuevos liderazgos, en la definición de estructuras regionales con mayor autonomía, en la formación política para sus militantes, en la ampliación de los ámbitos de participación interna, en el respeto a la institucionalidad partidaria y en el fortalecimiento armónico de los órganos de regulación y de definición política.

La inserción territorial, el surgimiento y consolidación de nuevos liderazgos sociales y el aumento de su presencia en las organizaciones de representación social aparecen como tareas y desafíos imprescindibles para el PS durante el gobierno de Michelle Bachelet. El reencuentro con el mundo social surgirá como una tarea de la mayor relevancia para las nuevas autoridades. Un PS abierto al mundo social y que recoge de éste lo mejor y lo más sustantivo de sus demandas y propuestas. Un PS que ha de convertirse tanto en dirigente como en base en el seno de la sociedad civil. Será necesario reconstruir un nuevo tipo de relación entre la sociedad civil y el partido.

En un contexto de tensión generado por la responsabilidad en el gobierno y por la necesidad de replantear la vigencia y viabilidad del PS en el nuevo contexto, será necesario convocar a los socialistas a alguna instancia congresal para que redefinan el instrumento político y actualicen la propuesta política y programática a promover en la sociedad.

Grandes desafíos y tareas tendrán las nuevas autoridades del partido. Es de esperar que la contundencia y potencia de las ideas elaboradas colectivamente logren superar efectivamente las divisiones de antaño y ayuden a fortalecer orgánica e institucionalmente la presencia del PS en la sociedad chilena.