De todo lo anteriormente dicho, creo que la invitación que me ha cursado la Dra. Bachelet se basa principalmente en que soy un chileno que está pendiente de lo que ocurre en su país, aunque hace más de 32 años que viva en el exterior. No soy una excepción, porque somos miles y miles de compatriotas los que nos encontramos desperdigados por el mundo y que no dejamos de estar pendientes de lo que ocurre en nuestra lejana tierra. Y no sólo eso, sino que además, participamos activamente en la vida cotidiana chilena, de acuerdo con nuestras posibilidades.
¿Cómo lo hacemos?
En primer lugar, enviando periódicamente recursos a nuestros familiares, amigos y organizaciones que nos son afines. Y eso significa que ingresan a nuestro país cantidades importantes por este concepto. Son divisas las que entran dinero fresco y duro, que ayuda a crear bienestar y riqueza. Son familias enteras que compran con ese dinero cosas de comer, de vestir, de vivir…Son organizaciones que consiguen funcionar. Son instituciones que pueden sacar adelante sus proyectos con mayor holgura.
También participamos en forma directa a través de los aportes ideológicos o técnicos que se hacen por medio de este invento magnífico que es internet. Desde allá nos envían directrices, temas a analizar. Y acá hacemos eso: los analizamos, los discutimos, con la perspectiva que nos da el vivir en sociedades distintas, muchas veces muy desarrolladas. Y esa visión diferente la volcamos de regreso a nuestras organizaciones, para enriquecer el debate. O sea, también aportamos experiencias diferentes e ideas.
Cada día, nuestro objetivo es ser los mejores en lo que hacemos. Porque, por otra parte, estas sociedades desarrolladas y competitivas nos exigen ser los mejores. Pero es que llevamos dentro el orgullo de ser chilenos y que somos chilenos los que luchamos cotidianamente por ser los mejores. Eso redunda en que nuestra gente, nuestro país, ganamos en imagen internacional, en prestigio y en confianza.
Igualmente, participamos en organizaciones e instituciones de los países que nos acogen. Y tratamos también de hacerlo bien, de ser efectivos. Buscamos consolidarnos en ellas y conseguir la credibilidad que nos merecemos. Entonces proyectamos hermanamientos, trabajos conjuntos con organizaciones e instituciones chilenas afines. Una colaboración de ida y vuelta en que el beneficio es mutuo, pero será mayor en el que más desarrollo necesita.
En fin, se me invita a los actos de Transmisión del Mando, como a otros miles de chilenos desperdigados por el mundo, como una forma de reconocimiento de que mantenemos la vista puesta en el sur y que lo hacemos con enorme cariño, esfuerzo generoso y, sin duda, efectividad. Ahora que se inicia un período histórico, de profundos cambios en las formas y estilos de gobernar, en que la ilusión mayoritaria crece a cada instante, estamos seguros de que el reconocimiento que se nos hace a algunos,se transformará endecisiones formales y concretas para todos los que estamos en el exterior. Que el embrión sembrado con la creación de lo que se llama “Décimocuarta Región” va a germinar definitivamente y despegarán acciones concretas que reconozcan derechos a los que luchamos cada día por Chile, lejos de Chile. Los deberes ya los hemos asumido nosotros mismos y a la vista están.