Bachelet: ¿nace un estilo? (I)

La paridad de género en los elencos gubernamentales puede llevar, inesperadamente,  a restringir la participación de mujeres en tareas en que han predominado los hombres. ¿Por qué la Presidenta no nombró a 16 subsecretarias o 7 intendentas, al contrario de lo que hizo?

Fiel a su estilo, la Presidenta Bachelet se hizo esperar cual novia para dar a conocer la nómina de subsecretarios que la acompañarán junto a los ministros que designó hace ya un mes, y encargó a su vocero que leyera, al día siguiente, la lista de los intendentes.  Si el manejo de los tiempos es un atributo de su femineidad, se estaría ante otro de sus particulares modos de abordar la designación de los elencos gubernamentales.

Ella compartimenta la información dentro de un estrecho círculo, logrando vencer, mediante la herramienta del secretismo, la proverbial tendencia de los políticos chilenos a filtrar todo lo que saben. Como resultado obtiene operaciones prolijas, en las que pone en práctica los criterios que cree los mejores: excelencia, paridad de género, combinación de experiencia con recursos humanos renovados, no repetición del plato y prescindencia de los avatares internos de los partidos que sustentan la coalición de gobierno.

Entre todos los criterios fijados, el más novedosamente logrado es el de la paridad de género y el más irreductible es, sin duda, el del cuoteo partidario. Los dos merecen algunas observaciones.

Desde luego, la paridad de género lleva necesariamente a un pie forzado, que puede ir en detrimento de las propias mujeres. Porque establecer elencos con mitad masculina y mitad femenina significa también restringir la participación de una parte tanto como de la otra. Así, un intento que busca ampliar la presencia de la mujer en tareas en las que el hombre ha predominado puede convertirse en restrictivo, al no ir más allá de un 50 por ciento. 

Sintomáticamente, en sus últimas designaciones, la Presidenta se encontró –como ella mismo lo dijo- ante un problema aritmético. Los números impares arrojados por las 31 subsecretarías y las 13 intendencias no le permitieron paridades exactas, y debió rebajar en un dígito, en cada caso, la participación femenina. ¿Por qué no optó, en vez de lo que hizo, por 15 hombres y 16 mujeres para subsecretarios y por 6 y 7 para intendentes ? De todas maneras, resulta notorio que algunos ministerios, como los de Economía y Salud, por ejemplo, quedaron con sus dos cargos máximos en manos femeninas y que en la subsecretaría de Marina se abordó, anticipadamente, el hecho que esta rama de las instituciones armadas sea la única que no cuenta aún con faldas entre sus filas.

Otra novedad: no hubo en los ministerios cuoteo por género. Una práctica que resultó inevitable al atribuir los cargos por partidos políticos. La palabra “cuoteo” está estigmatizada política y comunicacionalmente, pero la verdad es que en un gobierno de coalición es imposible no recurrir a ese criterio. El “equilibrio” que ha sugerido el futuro ministro Andés Zaldìvar como un término más exacto no es sino un eufemismo. Los cuatro partidos concertacionistas tuvieron lo que les corresponde e incluso algo más en la repartición de subsecretarías e intendencias, para compensarlos por las pérdidas que resintieron a nivel de ministros.     

Otra consideración odiosa es que se incorpore al poder Ejecutivo a políticos que perdieron en las elecciones legislativas, porque aparecen como indemnizados con prebendas en la administración después que los ciudadanos les dijeron que “no”. En esto habría que irse con un estudio caso a caso. Porque Edgardo Riveros y Zarko Luksic, los dos diputados democratacristianos en ejercicio hasta el 10 de marzo y que aparecen desde ese día en las subsecretarías de la Presidencia y del Trabajo, respectivamente, pueden ser tan útiles para la Presidenta como el actual senador y futuro ministro del Interior Andrés Zaldívar. El caso de la designación como subsecretario de Aviación del capitán en retiro Raúl Vergara será abordado en una segunda parte de este comentario.