Las señales de La Paz que Bachelet debe recoger

Mientras en Santiago se ha instalado una cauta expectativa por el futuro de las relaciones chileno-bolivianas, desde La Paz siguen llegando alentadoras señales de las nuevas autoridades designadas por el Presidente que asumiera el domingo. Ahora le tocó al turno al nuevo ministro de Relaciones Exteriores, David Choquehuanca, aymara como Evo Morales, quien siguió la línea de éste de moderación en el lenguaje y de razonable llamado al diálogo entre vecinos.

“Estamos entrando en el nuevo ciclo del Pachacuti, donde todo tiene que cambiar –dijo el canciller, en respuesta a varias interrogantes-. Necesitamos relacionarnos con todo el mundo, porque aislados no podemos seguir adelante. Nosotros los aymaras tenemos un principio que debe regir el comportamiento de los humanos y que es siempre dialogar. Chile es un país vecino y tenemos que llevarnos bien con los chilenos y retornar tanto al Pacífico como del Atlántico, porque nosotros los aymaras teníamos salida a ambas costas”.

Aunque de estas y otras declaraciones surge claro que el nuevo gobierno no parece haber delineado todavía una estrategia frente a Chile. Perú y otros países para reivindicar la cualidad marítima de Bolivia, se advierte una predisposición a examinar varias posibilidades. Ya durante la campaña electoral, el hoy vicepresidente Alvaro García Linera –un intelectual socialista, matemático y ex guerrillero- había admitido que era posible vender gas a Chile. Ahora el canciller Choquehuanca dice que existen varias posibilidades, y que ésa es una de ellas.
Más revelador aún es su desmarcamiento de la política del ex presidente Carlos Mesa de condicionar el suministro energético a la salida al mar: “Las relaciones tienen que ser sin condicionamientos”, dijo escuetamente el ministro, quien se caracteriza por su parquedad y un cultivado bajo perfil, que lo llevó a ser casi un desconocido en la escena política de su país.
Fue Evo Morales, con toda su representatividad, quien  marcó la pauta del nuevo trato a Chile al gestionar personalmente la presencia del Presidente Lagos en su ceremonia de asunción -pese a que éste había anunciado antes que ello era improbable-; recibirlo en el living comedor de su estrecho departamento de La Paz -un gesto que sólo tuvo también, la noche anterior, con el enviado del Presidente Bush-; asomarlo a la ventana con las manos estrechadas en alto, y, en fin, al aludir sólo implícitamente, después de investido como nuevo Mandatario, al “tema histórico” pendiente entre ambos países. Una “encerrona” en el Congreso fue una de las posibilidades que la delegación chilena evaluó como una de las más temidas durante esta histórica visita.
Las atmósferas que creen los interlocutores pueden contribuir a crear las condiciones para solucionar las controversias. Los entendimientos personales suelen llegar a ser más importantes que las afinidades ideológicas, en la medida que favorezcan la búsqueda de una adecuada ecuación entre los intereses nacionales, que son los que prevalecen en toda negociación. En el caso de lo que está ocurriendo entre Chile y Bolivia, han contribuido el prestigio del Presidente Lagos y el inmediato roce de Evo Morales, apenas elegido, con gobernantes y líderes de cuatro continentes. La venida del Presidente boliviano a los actos de asunción de Michelle Bachlet y la  cercanía que acaso ambos logren acaso permitan a sus países continuar transitando por el camino que se ha comenzado a pavimentar.
La Presidenta chilena asume con el halo de su condición de mujer y, más allá de esto, de sus atributos para empatizar y de su trayectoria social, todo lo cual ha confluido a diseñarle un perfil político diferente al tradicional. Evo Morales, pese a no más recoger el derecho incuestionable a ocupar la Presidencia de un país con un 62 por ciento de población indígena, rompió con su elección las estructuras de poder imperantes. Ambos son fenómenos culturales -ciudadanos y populares- que tienen que llenarse ahora de sustancia. Los dos tienen, cada uno a su manera, el encanto de la simplicidad, en el sentido de ser espontáneos y auténticos.

El Presidente Morales ya ha establecido sus propósitos y expectativas con una lógica arrolladora. La Presidenta Bachelet debiera, en este capítulo insoslayable de las relaciones con el país vecino, romper con los moldes impuestos por las oligarquías diplomáticas y militares y, en general, por las clases dominantes y comenzar, decididamente, a buscar una respuesta a la demanda que, con un nuevo tono, está haciendo el más legítimo Presidente que ha tenido Bolivia por lo menos en el último medio siglo.