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Agosto 20, 2026

Carta enviada al director de El Mercurio:

Me refiero al artículo de don Hermógenes Pérez de Arce publicado el domingo 15 en la sección Reportajes del diario de su dirección, bajo el título “Michelle Bachelet, ¿quién es realmente usted?”. He dudado en comentarlo pues en muchos aspectos pareciera ser un artículo humorístico (o al menos haber sido escrito con esa intención) y como tal asumir sus afirmaciones, sin embargo éstas manifiestan una tan frívola como tendenciosa aproximación a ciertos temas de suyo delicados, que requieren contestación.

En primer lugar, nadie en su sano juicio puede considerar las torturas a las que ha sido sometido como enseñas que andar exhibiendo por la vida. Tal lacra es una vergüenza humana que uno –aunque víctima- pudorosamente guarda. Ello en nada se contradice con la necesidad de su denuncia pública ni con el testimonio que permita el establecimiento de la verdad y justicia, cuestiones que con altura y dignidad han hecho Ángela y Michelle.

La definición de tortura por parte de la convención respectiva de Naciones Unidas la describe como el trato inhumano y degradante, condición que puede manifestarse de muchas formas. Los cultores locales de esta aberración se esmeraron por emplear las formas más crueles, como meridianamente lo ha establecido el Informe Valech.

Pretender, como lo hace el articulista, que Ángela y Michelle se arroguen la condición de torturadas como forma de ganar la simpatía pública es agregar un agravio inmoral e innecesario a personas que ya cargan en este aspecto un peso de suyo doloroso. Nada justifica tal actitud, ni siquiera el fragor de una campaña presidencial. 

He sido testigo directo de la muerte del General Bachelet junto a mis compañeros de proceso y una vez más debo afirmar que el General falleció en la entonces Cárcel Pública de Santiago producto de un infarto cardíaco provocado por las torturas que le infringieron sus interrogadores los días y meses previos, quienes no respetaron ni su edad, ni su condición de General ni su precario estado de salud. El General no falleció ni durante ni después de un partido de básquetbol, sino en la mañana del 12 de marzo del 74, cuando recién se producía la apertura de las hacinadas e insalubres celdas donde se nos mantenía.

Por lo demás, nada empaña –no lo logra el articulista a pesar de su empeño- la consistencia, dignidad y valentía con que enfrentaron Ángela y Michelle las vicisitudes de entonces y la grandeza con que hoy asumen su dolorosa experiencia; ni el significado que encierra para el honor militar –que nos honra- la muerte del General Bachelet en prisión.

Atentamente

Raúl Vergara Meneses

Capitán FACH (R).