Dios nos libre de las furias de la abeja reina Michelle Bachelet

Hombrecitos aflautados, de todos los pelajes, escóndase luego, pues la abeja reina está poseída por la santa ira: a días después de la primera vuelta, nuestra mamá, siempre tierna y sonriente, se transformó en una furiosa princesa que lanza denuestos a diestra y siniestra; ningún niño de la Alianza por Chile se atreve a decirle “gordita y que no la talla”, que no tiene carácter, que no sabe tomar decisiones, en fin, que le queda grande la presidencia del país.

El principal objeto de sus enojos es su rival, Popeye Lúculo Aviador Piñera, quien ni siquiera se puede esconder en sus jopos de los Tres Chiflados. En la primera entrevista, horas después de conocerse los resultados de la primera vuelta Michelle, con una dulce voz, lanza las más terribles acusaciones contra Popeye Piñera: que presiona, por medio de llamadas telefónicas, a los cada día más empequeñecidos niños de la flecha roja, que anda pagando las deudas de cuanto ciudadano encuentra, que distribuye tallarines y cremas protectoras solares a rotitos de las poblaciones; el pobre Iván Núñez condenado a ser siempre el pato de la boda, traga saliva y le vuelve a preguntar a la abeja reina si puede repetir tan graves acusaciones, pero ella se va un poco por la tangente, pero al día siguiente vuelve al ataque: Lúculo Piñera quiere mezclar el dinero con la política y,  aprovechándose de la Pascua anda regalando esos asquerosos paquetes navideños que, el Estado y los empresarios, donan a sus esclavos para que pasen una noche buena borrachos y felices.

A la pobre Michelle le llueve sobre mojado: el viejo príncipe veneciano, don Patricio Aylwin, en cuyo escudo reza “justicia en la medida de lo posible”, abre la boca y mete la pata; si la muñequita rusa, boquita de paloma, Soledad Alvear, hubiese sido candidata de la Concertación, en la primera vuelta, no tendríamos que pasar estas pellejerías y los de la flecha roja seríamos, de nuevo, hegemónicos. Me gusta Michelle Bachelet, pero no le hace el peso a Chol, una mujer con talla de estadista. Es que Michelle no lo tiene esta cualidad? Pregunto yo.

Lúculo Popeye Piñera no sabe con la chichita que se está curando, pues las garras de nuestra matriarca pueden llevarlo al triste páramo de la derrota y a otras situaciones peores, que no puedo mencionar en un Diario serio, pero que cuando nuestras madres se enojan, nadie puede atreverse a contener la tempestad rugiente de sus desatadas pasiones. Ciclones y huracanes son apenas un juego de niños al lado de la furia de Michelle Bachelet.