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Agosto 18, 2026

“Piteate un Flaite”: La Naturaleza no es sabia

{mosimage}Debo reconocerlo: la campaña “Piteate un Flaite” (que llama sin complejos a eliminar a los carteristas de baja estofa) me pilló desprevenido. Creía, en mi proverbial ingenuidad, que todavía nos quedaban algunos años para caer en el temible estado de naturaleza. Pero no, la barbarie ya está aquí. 

Radio Carolina , un sinnúmero de sitios web, blogs destemplados y miles de imberbes entonan un infernal himno que llama a tomar la justicia por las propias manos y convierte al delincuente común en una raza infra-humana que hay que eliminar. La cancioncita repite hasta la náusea una orden digna de Goebbels: “piteate un flaite” o en buen castizo “elimina a un carterista”. ¿Qué es esto? Me temo que es el tenebroso estado de naturaleza del que nos prevenía Thomas Hobbes (1588-1679) y los ilustrados del siglo XVIII (muchos de los cuales vivían atormentados por la posibilidad de que la sociedad retrocediera al estado de barbarie). Es el olvido de todas las instancias civilizadas para resolver los conflictos. Estamos ante la celebración del salvajismo, ante la bacanal de la violencia.

 

 Al contemplar este fenómeno surge la tentación de identificar a un culpable particular: “los jueces no tienen mano dura”, “el gobierno no da plata a Carabineros” y una larga lista de tranquilizadoras simplificaciones. La verdad es que el problema es mucho más grave y más profundo. Su complejidad arranca del abismante déficit de calidad que existe en la educación básica y secundaria en Chile. El primer axioma de la economía es que el ser humano es un animal maximizador. Así, si con la educación que me brinda el Estado puedo obtener, con suerte, el salario mínimo, entonces espontáneamente evaluaré las demás alternativas de que dispongo para ganarme la vida. Dentro de ellas está el micro-tráfico de drogas, el hurto y el robo con violencia. Un análisis estrictamente financiero -sin consideración ética alguna- de las posibilidades señaladas, muy probablemente seleccionará las vías ilegales para ganarse el sustento diario. Esta es la dura realidad y esto es lo que dice la teoría económica más ortodoxa. Pero me temo que el problema es más enrevesado todavía, pues los jóvenes “bien” que adhieren a la campaña piteate un flaite son también parte del problema. Muchos de ellos, a pesar de haber sido educados en colegios particulares, carecen de la formación para percibir la importancia de conservar, reforzar y defender las instituciones de la vida civilizada (ley, tribunales, monopolio de las armas, entre otras).   

 

Pero la gravedad coyuntural de la mencionada campaña es que nos puede arrastrar a un sistema de guerrillas callejeras entre flaites y chicos bien muy parecida a la violencia racial que azota a algunas zonas de Estados Unidos y Europa. Fuera de la sangre que previsiblemente correrá, no es descartable una cristalización de las posiciones violentas: por un lado se victimizará a los flaites y se los convertirá en una suerte de “héroes urbanos”; mientras que por el lado de los jóvenes “bien” podrían aparecer grupúsculos fascistoides relativamente difíciles de controlar. En ese clima, cualquier paso en falso podría gatillar una espiral de violencia que no sabemos dónde podría terminar. Es cuestión de leer las noticias que nos llegan hoy desde Francia. En resumen, estamos frente a un caso de severísimo analfabetismo ciudadano del que no será fácil ni rápido salir. En el ínterin, nos podemos pitear a los flaites, a la ley, a los tribunales y a todo lo que huela a civilización. Cuando estemos en pleno estado de naturaleza, dándonos unos contra otros, entenderemos que la naturaleza no es tan sabia como parece.