En el último tiempo, evidenciando la completa incapacidad derechista para comprender las causas y demandas de la lucha estudiantil, cuando ya han transcurrido en Chile más de tres meses de combates en defensa de la educación pública y en contra del lucro en la educación, han comenzado a aparecer curiosas “explicaciones” de la “violencia”, es decir, de la respuesta descontrolada de ciertos sectores juveniles ante la desmedida represión policial.
Hace pocos días atrás fue asesinado en Chile el joven Manuel Gutiérrez de 16 años. Su hermano contó que fue la policía quien le disparo cuando ambos muchachos miraban desde una pasarela las protestas qué sucedían en el sector.
En el último tiempo, y con una frecuencia que se agradece, políticos y dirigentes gremiales, ofrecen gratos momentos que hacen bien para el alma. El listado más prolífico de dichos graciosos, simpáticos o que mueven a risa, lo encabeza el presidente Piñera, quien ha dado para crear una suerte de neologismo que explica sus tonteras: piñericosas.
Señor Alcalde, le escribo con preocupación por la escalada de violencia con que se está llevando adelante la decisión de “defender” los establecimientos educacionales de la comuna durante el presente conflicto social por la educación que atraviesa al conjunto del país. Tal decisión, que fue comunicada por usted en conferencia de prensa junto a los directores de los liceos municipales, está significando en los hechos un durísimo enfrentamiento en las distintas comunidades educativas, con profesores que incluso “resisten” a los estudiantes -en su mayoría menores de edad- a golpes y fierros, constatándose lesiones, detenciones diarias, etc. Lo que le informo no son infundios, he sido testigo de graves irregularidades y uso excesivo de la fuerza.
Una nación que se precia de tal es soberana, se autodetermina, se basa en el principio fundamental del Derecho Internacional público. Si el Banco Mundial (BM) expresa que la educación superior es un bien privado, no público, que se trata de una oferta limitada y que está disponible por precio, se lo está diciendo a su feligresía, a los mercaderes del templo, aunque pretende sorprender a quienes no adoran a su dios.
Pocas veces se advierte en Chile la inmensa estatura que ha alcanzado la figura histórica del presidente Salvador Allende. Su nombre se encuentra en las más diversas latitudes, en diversas ciudades del planeta.
Diego Portales, el gran político conservador que echó las bases de nuestra república aristocrática, patentó la frase “el peso de la noche” para referirse a la hegemonía colonial y monárquica que nuestros patriotas buscaron reemplazar por veinticinco años.
Es una gigantesca, inverosímil y monstruosa mentira decir que a Muamar Gadafi lo ha derrocado una insurrección popular. O unos rebeldes o unos revolucionarios. A Gadafi lo han sacado del poder los masivos, pavorosos y criminales bombardeos de
Las transnacionales de la información-comunicación, atadas al oro, al sube y baja de las bolsas e implicadas en el robo de petróleo, empujan y empujan a sus periodistas más obedientes – y a novatos ignorantes – a tropezar nuevamente con la misma piedra: Kadaffi, el diablo, como ayer Sadan Husein –ejecutado – y el feroz Bin Laden -¿ejecutado?-.
Ante el dilema de la razón o la fuerza, los mandamases de siempre han determinado que la única razón válida es la de ellos y la única fuerza legítima es la que defiende esas razones. Así, desde los albores de lo que hoy se llama Chile, las balas han volado siempre para el mismo lado, matando a los mismos de siempre, impulsadas por las mismas razones.