Dos empresarios controladores de PENTA, Carlos Alberto Délano y Carlos Eugenio Lavín, cuyas expresiones angelicales y de ternura enternecen hasta el llanto, concluyeron por conmover a los magistrados. Escaparon ilesos, porque no son ningunos lesos, de finalizar en las mazmorras, habilitadas para el pobrerío. A cambio se les condenó a una pena remitida y a pagar una multa que la obtendrán del bolsillo izquierdo del pantalón de mezclilla, que utilizan para ahuyentar la melancolía, mientras riegan el jardín.
Ha sido un golpe duro a la credibilidad del fiscal jefe Jorge Abbott el que la Corte Suprema haya aceptado a trámite la solicitud de su remoción del cargo hecha por un bloque opositor y democrático de parlamentarios de izquierdas y progresistas. Por mucho que aquél lo niegue y que su abogado — el ex ministro concertacionista de justicia Luis Bates — diga lo único que puede decir en estos casos: que su defendido está “absolutamente tranquilo”.
El triunfo de la derecha canalla que asaltó el poder a sangre y fuego no se verificó de una vez y para siempre en el momento en que desde el asta del Palacio de la Moneda cayó el pabellón envuelto en llamas, luego de esa hazaña memorable de la Fuerza Aérea de Chile.
El mundo observa la situación de la Iglesia Católica chilena, al igual que la de la Iglesia Católica australiana, donde curas y obispos han sido acusados de atropellos delictivos contra jóvenes y niños. Los niños y jóvenes abusados no fueron víctimas de cualquier abuso sino de violaciones (por cierto violentas) y otros abusos sexuales en lugares eclesiásticos contra indefensos e incluso la formación de mafias internas de sacerdotes para contratar a jóvenes pobres y marginales como prostitutos suyos.
“Vamos a combatir a los terroristas, que son un enemigo formidable, implacable, cruel, despiadado y que hoy día está actuando en forma organizada, con apoyo externo, con armamento de guerra”. Sí, estas son palabras textuales del señor presidente de la “República” de Chile, proferidas el mismo día 24 de junio en que, con algunos invitados de la etnia mapuche en La Moneda, con motivo de la celebración del We Tripantu (año nuevo mapuche) anunciaba una serie de medidas en favor del reconocimiento de su lengua, cultura y tradiciones ancestrales.
La contribución del fiscal Guerra para demostrar empíricamente que Chile es un país corrupto, cumple con las exigencias epistemológicas de la necesidad de coherencia de los sistemas. En cualquier organismo es necesario que haya concordancia y compatibilidad entre sus partes para que el todo funcione.
Guatemala tiene un presidente violador, nada que sorprenda en una sociedad de violadores. El testimonio de varias mujeres trabajadoras del gobierno que aún con el miedo que puede crear denunciar a un mafioso como Jimmy Morales se atrevieron a hacerlo y relataron el horror de la violación por parte de Jimmy Morales, debería hacer que Guatemala completa estuviera en las calles apoyándolas y exigiendo la renuncia inmediata del abusador, pero por el contrario existe un silencio sepulcral que apesta a complicidad.
Han pasado años que estos personajes y otros de reconocidas apariciones en la historia reciente, no lograron demostrar que son inocentes. Todo se redujo a una especie de danza de boletas y dineros que de manera silenciosa transitaba por cuentas de bancos, otros pagados al negro, una especie de carnaval que nunca posiblemente se imaginaron se harían públicas.