Destemplada, grosera y llena de falacias fue la reacción de los ministros Felipe Larraín, Harald Bayer, Jaime Mañalich y Evelyn Matthei frente a la votación de la oposición en la Cámara de Diputados respecto al Presupuesto 2013 presentado por el Ejecutivo. Se trató, claramente de una ofensiva política y mediática frente a un tema tan trascendental como lo es el financiamiento público y de distintas carteras.
La masiva abstención en las elecciones municipales del 28 de octubre (60,8%: 8 millones de ciudadanos), constituye un rechazo contundente a la “clase política” y sus manejos, que han sumido en el desprestigio una actividad que ha perdido sus valores éticos fundamentales.
Dentro del 60 por ciento de ciudadanos que se abstuvo de sufragar en las últimas elecciones municipales no sólo están los que siempre se muestran desinteresados por la política. Es evidente que esta vez un buen número de chilenos quiso manifestar ruptura con el orden político y económico actual, su repudio al comportamiento general de la clase política, como su opción por un orden nuevo que surja, como es debido, de una carta fundamental refrendada libremente por el pueblo.
Una breve entrevista transmitida por CNN la semana pasada, en la que presentó a dos participantes –un palestino en Gaza y un israelí al alcance de los ataques de los cohetes– no se ajustó al guión habitual.
La conducta cotidiana de los ocupantes israelíes contra los palestinos es tan bárbara y la resistencia de estos tan digna, heroica, irreductible, que se me hace difícil narrar nuevos hechos pues la impresión que percibo es la de estar viendo una misma película que se repitiera indefinidamente.
“Vengo como ciudadano a estar al lado del Presidente, esa es mi responsabilidad… los que estamos en La Moneda no saldremos sino por nuestra propia voluntad … el plazo lo dio el pueblo de Chile hasta el 3 de noviembre de 1976”.
Comenzando la nueva etapa electoral, y ajustados al derecho que les asiste según la costumbre, los partidos impulsan sus mejores rostros para la justa que se avecina.
Quienes condenen la nueva agresión perpetrada por Israel en la Franja de Gaza se exponen a recibir una reiterada descalificación: “antisemita”. Para esos inveterados racistas cualquier crítica a las políticas genocidas del estado de Israel, cualquier denuncia de sus atrocidades y de su barbarie sólo puede nacer de un intenso odio al pueblo judío.

En las recientes semanas el país observó serias falencias en la información que ciertos medios le entregaron sobre temas fundamentales. Básicamente fue en los órganos de la prensa escrita diaria donde se observó ese fenómeno. Como contraste, los medios electrónicos pusieron indirectamente de manifiesto, a través de su cobertura noticiosa, las omisiones de “la gran prensa”.