A Hugo Chávez no se lo perdonaron ni cuando era evidente que iba a morir. Cuando le pidió a Dios un año, cuando imploró que le diera ese tiempo. Cuando usó la metáfora de la luna llena para dar una idea de qué forma, redonda, era su convicción de que Nicolás Maduro garantizaba la continuidad del proyecto bolivariano.
Pronto a terminar el quinto gobierno concertacionista, todo hace suponer que los que asuman un sexto mandato desde que las Fuerzas Armadas dejaran un país condenado/atado/hundido en una institucionalidad antidemocrática, se hace evidente que los pasos que darán entre el 2014-2018 estarán marcados por la continuidad del modelo económico, la obediencia a las formulas dictadas por el Fondo Monetario Internacional, y las relaciones internacionales escritas desde el Departamento de Estado norteamericano.

En esta hora en que la figura de Hugo Chávez pasa la historia de Venezuela y toda América Latina, resulta importante analizar el legado político de su gobierno, plasmado en la “Revolución Bolivariana” En una mirada panorámica se detectan ciertas líneas maestras que han orientado esta revolución de nuevo cuño en el presente siglo. Entre las muchas singularidades, habría que poner atención a las siguientes.

El funeral de Hugo Chávez dibujó un retrato de una América Latina renovada. Presidentes de derechas e izquierdas mostraron una Región unida y diversa, más independiente de Estados Unidos y respetuosa del pluralismo político. Una realidad muy diferente a la que habitualmente se proyecta en los grandes medios de comunicación occidentales, acostumbrados a demonizar a Chávez y estigmatizar a los países latinoamericanos en buenos y malos.
La estrategia de la distracción. El elemento primordial del control social es la estrategia de la distracción que consiste en desviar la atención del público de los problemas importantes y de los cambios decididos por las elites políticas y económicas, mediante la técnica del diluvio o inundación de continuas distracciones y de informaciones insignificantes.