Brasil vive tiempos de tensión creciente e igualmente creciente es la polarización entre gobierno y la verdadera oposición, instalada en los grandes conglomerados de comunicación que obedecen a los intereses de siempre, o sea, de los beneficiados de siempre. Ocurre que esa oposición dispone de un arma efectiva, al contrario de lo que le ocurre al gobierno: la capacidad de manipular y convencer a la opinión pública. La capacidad de los medios brasileños para distorsionar y deformar la información, transformándose en medios de desinformación, es formidable.
Al escribir este artículo, en el último día del mes de febrero 2015, la crisis política de representación, de gobernabilidad, de credibilidad, de legitimidad y eficacia está llegando a su clímax: escándalos financieros, como el Pentagate, el de Soquimich y, el más reciente, el caso de la empresa Caval, han logrado develar ante la opinión la profunda inmoralidad de la relación entre la política y los negocios, gestado desde hace muchos años, incubada durante la dictadura de Augusto Pinochet y llevada a la práctica de sus sucesores duopólicos – Concertación- Alianza – que han gobernado el país durante 25 años. La característica central de la llamada transición a la democracia” ha sido la mantención incólume de la Constitución de 1980, que conlleva implícitas las trampas políticas impuestas por el tirano. En el plano económico, el neoliberalismo fue, apenas, humanizado por los sucesivos gobiernos de la transición – los cuatro de la Concertación y el de la Alianza -.
No conoció a su abuelo, pero sabe que murió en la Cárcel Pública de Santiago como consecuencia de las torturas que le aplicaron sus propios compañeros de armas, luego de un golpe militar financiado por los banqueros, políticos, empresarios, aseguradoras y también…… la Cia.

La semejanza entre las estrategias desestabilizadoras articuladas por la derecha en Chile durante el gobierno socialista de Salvador Allende (1970-1973) y las actuales políticas tendientes a derrocar el gobierno democrático del presidente Nicolás Maduro hacen pensar en un manual para romper el orden constitucional afincado en la desestabilización. Si Richard Nixon, el presidente republicano estadunidense de la época, planteó hacer estallar la economía chilena en sus cimientos, Kissinger, su secretario de Estado, fue más osado al afirmar que Estados Unidos no abandonaría a sus aliados en Chile por la irresponsabilidad de un pueblo que votó mal eligiendo un presidente de izquierdas.
Lo que está en disputa hoy en Venezuela no son dos opciones democráticas de gobierno, sino la supervivencia misma de la democracia o el aplastamiento del gobierno constitucional y la revolución bolivariana con la imposición de una dictadura que dada la profundidad del movimiento revolucionario no puede sino tener características sangrientas y prolongadas.
Es doloroso y una pérdida de tiempo el estado actual de las relaciones oficiales entre Chile, Perú y Bolivia. Países destinados a la vecindad, requieren del cumplimiento de la responsabilidad histórica por parte de sus dirigentes de buscar y encontrar caminos de integración efectiva y creciente entre ellos.
El presidente saliente del Partido Socialista Osvaldo Andrade ha abandonado su previo silencio durante el desarrollo del caso Dávalos (o Compagnon o Caval o Dávalos-Compagnon o Nueragate, según la intención y estado de ánimo de nuestros comunicadores más insignes), con declaraciones cada vez más voluntaristas y desafortunadas.