En su última cuenta pública el contralor Ramiro Mendoza expresó que había llegado la corrupción porque se conocían los casos SQM, Cascadas, Caval, Penta y otros tantos, pero contradiciéndolo en la edición del domingo 19 de abril de un medio de prensa de circulación nacional, Edmundo Pérez Yoma, ex ministro del Interior y vetusto político, hizo declaraciones en una nota referida a las boletas y campañas, titulada “Todos los que estamos metidos en política sabíamos que así se hacían las cosas” (sic). En la misma instó a los partidos y a todos quienes están en el aparato público que reconocieran las trampas asegurando “esta es la manera como se financiaba la política. No todos, pero muchos de nosotros tuvimos que recurrir a pedir plata a gente que, para entregarla, nos pidieron boletas” agregando “Chile es un país hipócrita”, lo mismo que este columnista está repitiendo desde hace muchos años.

La naturaleza ha azotado recientemente a nuestro país de norte a sur como un símbolo de nuestras instituciones políticas, que se anegan en el lodazal de la corrupción y se consumen en la estrechez de su codicia. La ligereza con que la presidenta llama a recuperar las confianzas y a dejar que las instituciones funcionen recuerda la respuesta de María Antonieta, que tras enterarse que el pueblo hambriento protestaba porque no tenía pan, señaló que entonces comiera pasteles.

En los momentos difíciles, durante los grandes traumas sociales, cuando la confusión y la opacidad se vuelven norma, acudir a los clásicos puede ayudar a despejar el panorama. Como sabemos, vivimos un periodo especialmente complejo, oscuros nubarrones asoman en el horizonte. A modo de ejemplo: no son pocos los analistas que consideran que una guerra nuclear es una de las posibilidades para resolver las múltiples crisis en curso (ver
Los asuntos de Chile no andan bien…..nada anda bien.
Más de algún amigo de mis épocas de juventud ha caído en la tentación de afirmar que los jóvenes de hoy no tienen interés en nada. Incluso, alguna vez, se acuñó el poco feliz término: “los jóvenes no están ni ahí”. Me imagino que estas aseveraciones provienen de una comparación implícita con los jóvenes de los años 60, los que impulsamos el poder joven, sintiéndonos dueños del mundo y predestinados a cambiarlo.
Una mano lava la otra y las dos lavan la cara. Al son de este himno solidario se han reunido en Santiago las mujeres de dos golpistas sometidos a proceso en Venezuela y los ex presidentes de Chile Piñera Lagos y Frei. El abrazo fraterno entre el golpismo y la corrupción.