“Lo que comienza espurio, termina espurio Y esto terminó bien espurio”. La frase del Ministro del Interior Jorge Burgos se refiere al escándalo, otro más, que remece al país esta vez desde el fútbol profesional: su presidente saliendo por la puerta trasera, con destino a USA en medio de un arrebol de sospechas y atributos propios de un delincuente común.
La cristiana Europa y el Medio Oriente musulmán han tenido pésimas relaciones de vecinos. Tras la desintegración del Imperio Turco-Otomano, tras la Primera Guerra Mundial, las potencias europeas y EEUU establecieron su hegemonía en la región. Los países europeos han sido vecinos que nadie quisiera en la casa de al lado: cuando no han estado demasiado ocupados intentando colonizar los países del mundo árabe, se han empecinado en apoyar dictadores “buenos” o en tumbar a los dictadores “malos”, armando a los que consideran sus amigos. 
EN LAS ÚLTIMAS semanas, diversos analistas políticos e intelectuales de la región han destacado los vínculos de Mauricio Macri con las “nuevas derechas” regionales: Capriles en Venezuela, Neves en Brasil, y Lasso en Ecuador, entre otros representantes que también buscan disfrazar su discurso para intentar construir nuevas mayorías. Sin embargo, poco se ha analizado en relación al aliado más antiguo que Macri ostenta entre los políticos de la región: el ex presidente colombiano Álvaro Uribe Vélez.
La Corte Suprema de Chile, en fallo dividido de tres votos contra dos, acogió un recurso de protección en favor de los ciudadanos venezolanos Leopoldo López y Daniel Ceballos condenados por la justicia de su país por actividades tendientes a derrocar el gobierno legalmente constituido, lo que causó graves daños a la propiedad y costó numerosas vidas. Esa es la acusación y los tribunales de ese país entendieron que los cargos fueron probados.
“YO PREGUNTO A los presentes” -como dice Daniel Viglietti en “A desalambrar”- si son tan difíciles de entender las razones por las cuales es perentorio impedir la victoria de MauricioMacri el 22-N. Veamos.
La segunda vuelta de la elección presidencial en Argentina el 22 de noviembre y las inmediatas parlamentarias de Venezuela del 6 de diciembre ponen en juego la independencia y las conquistas sociales de ambos países y el futuro de la unidad e integración de América Latina y el Caribe.