Si se camina por las aceras de la ciudad, uno debe sortear infinidad de obstáculos. Jóvenes que andan en patineta, ciclistas, automóviles que se encaraman en la vereda donde estacionan, como si les perteneciera. Si usted no los esquiva, lo atropellan y de pasa lo insultan. Vendedores ambulantes, pegados al celular que ofrecen baratijas, sopaipillas que se fríen a la vista del público. Falsos mendigos, cuya habilidad para disfrazarse, supera al renegado. No obstante, el mendigo tiene dignidad y no traiciona. Ni hablar de quien circula con un carrito; nadie sabe si lo hurtó o es obsequio de los súper mercados, cuya generosidad desmiente a los críticos que los acusan de coludirse para engañar al público. En medio del torbellino, se observa a quienes pasean bebes en coches cunas. A propósito: ¿sabía usted que en la comuna de Cerrillos de Santiago, hay una calle llamada “El paseo de las guaguas”?
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