Cuando François Fillon ganó la primera ronda de las elecciones presidenciales primarias de la derecha el 20 de noviembre de 2016, con 44 por ciento del voto, el periódico francés Libération tituló su reportaje “Le miracle”. El milagro era que todas las encuestas, hasta el último minuto, habían predicho que llegaría en tercer lugar, de un campo de siete, con apenas poco más que 10 por ciento de la votación.
Tanto el mundo político como el empresarial llevan largo tiempo “jugando en el bosque”, confiados en que no hay allí licántropo alguno que haga peligrar sus escarceos económicos y abusos de poder. Y siendo sincero, nosotros, los de a pie, también llevamos muchos años jugando en el mismo bosque.
Sin duda gente de mi generación recordará ese clásico film argentino La cigarra no es un bicho dirigido por Daniel Tinayre con la actuación de Luis Sandrini. En la película en cuestión la “cigarra” era en verdad un hotel parejero que por un inesperado incidente termina con sus pasajeros en cuarentena, sin poder dejar el local. Pero lo que quiero decir esta vez no tiene nada que ver con hoteles de ese tipo, a no ser que algún propietario haya llamado a su establecimiento “Hotel La Democracia” (lo que sólo reafirmaría eso de que la democracia “sirve para un barrido y un fregado”).
Somos un país de emigrantes, sobre todo en esta época, en que más de un millón de chilenos vive hoy en el extranjero. Nuestra emigración económica, especialmente a la vecina Argentina, data desde hace un siglo, y la emigración política, desde los inicios de la dictadura de Pinochet.
En mayo de este año la empresa Energy Transfer Partners inició la construcción del oleoducto Dakota Access Pipeline que debe unir los campos petroleros de Bakken, en Dakota del Norte, con las refinerías de Illinois. El ducto, de casi 2.000 kilómetros de extensión, transportará medio millón de barriles diarios y su tendido tendrá un costo de USD 3.000 millones. Si bien los cuatro estados por donde debe pasar el ducto (Dakota del Norte, Dakota del Sur, Iowa e Illinois) habían aprobado las obras, aún faltaba la autorización del Cuerpo de Ingenieros del Ejército para el cruce de la tubería por debajo de los ríos Mississipi y Missouri.
Querido Fidel,
“Si el Estado no puede definir una política para sus propias universidades, es porque en Chile no existe un Estado”… “Hoy es la defensa de un modelo basado en una concepción totalmente distinta de universidad, un modelo de negocios en que la universidad es el ‘retailer’, el título profesional el ‘commodity’ y el estudiante el cliente”
Desde la puesta en marcha del Transantiago, por obra y gracia de los presidentes Ricardo Lagos Escobar y Michelle Bachelet, la vida de los capitalinos, salvo para los dirigentes de partidos políticos y miembros de los poderes del Estado (que no utilizan el transporte público) se tornó áspera y violenta. Buses mal diseñados, paraderos mal ubicados, alto valor del pasaje y una pésima frecuencia de los recorridos son la tortura diaria que sufren los pasajeros.
Los contratos firmados bajo gobiernos entregados a las grandes corporaciones y los dictámenes del FMI, son indelebles. Nada puede cambiarlos. El ministro de Obras Públicas, Alberto Undurraga, admitió que pese a las exorbitantes ganancias de las autopistas concesionadas, el Estado, representado por los gobiernos de turno, no puede hacer nada por modificar las condiciones en las cuales las administraciones de Eduardo Frei Ruiz-Tagle, principalmente, seguida por la de Ricardo Lagos, ataron unos contratos draconianos entre inversionistas internacionales y los millones de obligados y aborregados usuarios.
En la plaza Sarmiento de la ciudad argentina de San Martin de los Andes se encuentra un pedestal con una imagen de Pablo Neruda y su cabalgadura en recuerdo de su paso por allí, camino a la libertad, cuando era perseguido por la policía del dictador Gabriel González Videla.