Hace menos de un año “The Economist” –una prestigiada revista inglesa– sostuvo en su editorial, que Trump representa “una nueva edad de lo que podría llamarse la post-verdad”. Según la revista, en esta nueva edad sus voceros ya no se preocupan de las evidencias ni de las ciencias. Esta afirmación es engañosa, pues si Trump representa la época de la post verdad, al no ocuparse de las evidencias científicas, tanto “The Economist” como la autollamada “ciencia normal” o “corriente principal”, hasta en sus posiciones críticas, tampoco respetan la verdad completa de las ciencias de la materia, de la vida y la humanidad con una crítica en profundidad.
El 11/07/17 el diario El Mercurio publicó una crónica titulada “Santiago revierte permisos de megatorres en Parque Las Moscas”, indicando que Felipe Alessandri, Alcalde de la municipalidad respectiva, impartió instrucciones para invalidar un permiso de edificación cursado a la Inmobiliaria Carlos Valdovinos, de Armando Ide, mismo dueño de la constructora Su Ksa, conocida por sus obscenos guetos verticales en la comuna de Estación Central. El permiso contempla 4.200 viviendas y 21 locales comerciales.
A fines de junio del presente año, la Policía de Investigaciones (PDI) desclasificó los archivos de su Departamento 50, unidad especial encargada de investigar las actividades del espionaje nazi en Chile, durante la Segunda Guerra Mundial. Estos materiales fueron entregados para su conservación al Archivo Nacional. A partir de esta desclasificación surgen algunas reflexiones que son importantes de considerar sobre los archivos relativos a las violaciones a los derechos humanos cometidas por la dictadura cívico-militar.
Es pura miseria humana la conducta de los gobiernos que pasan en puntillas para evitar confrontar la realidad que viven los miles de niños en instituciones que están a cargo de la supervivencia. En sector más frágil, el más delicado, en que no vota ni marcha, que sencillamente está esperando que algo suceda en sus cortas vidas.
Las olas crecen gradualmente, pueden ser de tamaño impresionante, alcanzan un culmen y después se desvanecen. Tras una ola sigue otra. La ola social de la que hablaremos no tiene la regularidad del mar. Pero en el presente y el futuro previsible es probable que tengamos nuevas olas sociopolíticas nacional populares (o populistas); las experiencias vividas no se mueren, no podrá haber una simple restauración al régimen neoliberal anterior.
La derecha brasileña ha engendrado el golpe en contra de los gobiernos del Partido de los Trabajadores (PT), pero ahora no sabe qué hacer con su gobierno. La izquierda ha producido a Lula y la derecha no sabe qué hacer con Lula.
Hace pocas horas, en una más de las manifestaciones convocadas por la oposición venezolana, se presentó e hizo uso de la palabra, escoltado por dirigentes de la MUD, Óscar Pérez, el terrorista que el pasado 27 de junio robó un helicóptero a punta de pistola, tiroteó y lanzó granadas contra la sede del Tribunal Supremo de Justicia.
La destrucción de un país –el más poblado y que tiene la mayor economía de América Latina– a raíz del golpe institucional del año pasado se da en varios niveles. Los que llevan adelante un plan macabro cuyo objetivo es arrasar todo lo conquistado en las últimas décadas, parte bajo los mandatos del presidente Fernando Henrique Cardoso pero muy especialmente bajo los de Lula da Silva y, mal que bien, preservados por su sucesora, Dilma Rousseff, no cesan de dar amplias y consistentes pruebas de que desconocen límites. Con tal de atender a la voluntad soberana de esa sacrosanta e invisible entidad llamada
Como agorero me he quedado corto. Hace algunos meses publique el artículo 