Hay un cierto “malestar” que atraviesa a la sociedad chilena. Se trata de un sentimiento difuso que se traduce en un inconformismo generalizado con el país que nos toca vivir. Los síntomas son variados y hasta contradictorios, estudiantes capaces de salir a las calles y enfrentarse con la policía durante todo un año. Trabajadores y pequeños empresarios de regiones que bloquean carreteras y exigen mayor atención de la capital a su abandono. Los mismos jóvenes que no encuentran su lugar en un país de empleos escasos, precarios y muy mal pagados, especialmente para ese segmento etario. Los mismos jóvenes, hombres y mujeres, que encabezan las estadísticas latinoamericanas en consumo de alcohol y hierbas alucinógenas.
Se han cumplido dos años de gobierno de la Alianza por Chile. La situación política, social y económica actual del país ya estaba anunciada desde el 17 de Enero del 2010, cuando su candidato a presidente, Sebastián Piñera, saliera elegido en la segunda vuelta de las elecciones presidenciales en Chile, dónde se enfrentaron dos fuerzas políticas que, con diferentes matices defienden el mismo sistema político, social y económico.
Ricardo Boizar escribió un libro, Las voces del púlpito, la política y la calle. Eran los tiempos en que los falangistas seguían las sabias enseñanzas progresistas del Padre Alberto Hurtado, cuando el Cardenal José María Caro estuvo, varias veces, a punto de excomulgar a estos seguidores de “Cristo Rey” por ser compañeros de ruta de los comunistas.
¿Corresponderá preguntarse por quienes votarán los chilenos mayores de dieciocho años que de distintas formas se manifestaron contra el sistema político el año pasado?
Aysén tiene para los ultraderechistas estrategas del Palacio, Chico Peña, Hinzpeter y los otros, el valor de ser un escenario perfecto para desarrollar un ejemplo de aprendizaje vicario. Una manera de decir esto les puede pasar si insisten en eso de ejercer el derecho de protestar contra nuestro gobierno.

El triunfo presidencial de Sebastián Piñera resultó fundamentalmente de un voto de protesta en contra de quienes gobernaron casi dos décadas, más que de la consistencia de su candidatura y el fervor popular. Su promesa de un cambio nunca fue convincente si se considera que ideológicamente ya eran muy imperceptibles las diferencias reales entre quienes nos gobernaban y quienes moran hoy en La Moneda. El actual jefe de estado nunca tuvo la plena adhesión de la centroderecha, sector que lo visualizaba como un advenedizo y no le perdonaba su pasado democratacristiano, así como sus frustrados coqueteos con la Concertación para asegurarse un cupo senatorial. Por lo que optó, finalmente, integrarse a Renovación Nacional para adquirir un rápido liderazgo y llegar al Parlamento, aunque para ello tuviera que desplazar con fiereza a su compañero de lista, Hermógenes Pérez de Arce. Un derechista de tomo y lomo que hasta hoy resiente la millonaria campaña de Piñera y sus codazos para arrebatarle los votos del sector.
Notable consigna esta que agrupa a las distintas expresiones del movimiento social y ciudadano aysenino. Importante y valiosa porque, entre otras cosas, repone en la escena nacional la cuestión del vínculo o lazo social en el país.
Oigo por aquí, en Estados Unidos, que el movimiento de los
Solemos usar la expresión latina “etcétera” para dar a entender que conocemos algo que no creemos relevante nombrar. Es “lo demás”, “el resto”, aquello que sabemos que está allí, pero no nos molestamos en identificar simplemente porque lo hemos olvidado, lo queremos dejar a la imaginación del lector o derechamente nos interesa ocultar.