
El Estado Plurinacional de Bolivia ha entablado una demanda ante la Corte Internacional de Justicia, en La Haya, para que dicha Corte declare que “Chile tiene la obligación de negociar con Bolivia para otorgarle un acceso soberano al Océano Pacífico”. Agrega la demanda que “Chile ha violado esa obligación” y que, por tanto, Chile “debe llevar a cabo esa obligación de buena fe, formal y prontamente, dentro de un tiempo razonable y de manera efectiva, para otorgar a Bolivia un acceso totalmente soberano al Océano Pacífico”.
Cuando me lo contaron no lo creí, cuando lo vi pensé que se trataba de un montaje fotográfico de los enemigos del presidente Piñera, y aún lo sigo pensando a pesar que la noticia está dando la vuelta al mundo.
Hay una pugna amenazante de dos bloques diferentes/iguales. Uno es mejor que el otro, pero ambos coinciden en el tránsito a la crisis del colapso de los recursos naturales.
Parece mentira en lo que estamos con Bolivia. Va siendo hora de nuevas propuestas, y de prestar atención a las que en el pasado han puesto de mejor forma las cartas sobre la mesa.
Después del fallo de la Corte Internacional de Justicia, lo único razonable es que Chile y Bolivia inicien el diálogo amistoso que el mundo les está pidiendo. No basta con las comisiones que tratan problemas fronterizos, comerciales, migratorios, etc. El episodio de La Haya debe impulsar las relaciones chileno-bolivianas al más alto nivel. Ha llegado el tiempo de reanudar relaciones diplomáticas a nivel de embajadas para facilitar el diálogo. Y -¿por qué no?- de programar visitas presidenciales que subrayen la nueva etapa que comenzarán a vivir las relaciones de países hermanos.
No tomó mucho tiempo en el Frente Amplio el dominio de la ingeniería política propia del sistema que definen como corrupto, elitista y alejado de la gente. Por cierto, todas estas medidas administrativas parecen no considerar el país en el que vivimos, error o limitante de todos cuantos se dicen de izquierda.
Tanto que se habla de derechos humanos para arriba y para abajo, justamente para atacar a Venezuela y a Cuba, pero nombran Alta Comisionada de Derechos Humanos en las Naciones Unidas a una señora que no cree en ellos y que no tiene idea de la materia.
En el mes de noviembre de 2018 se cumple el centenario del fin de la primera guerra mundial, cuyo balance fue de 9 millones de muertos por el uso de gases mortíferos y la brutalidad de los ejércitos comprometidos en el conflicto que, hasta el último minuto, prolongaron el combate que aumentó aún más el número de muertos. Hacia el final de la guerra desapareció el imperio alemán, el de los austro-húngaros y se transformó el imperio turco-otomano en una República.