Salvo el período histórico de lucha de clase contra clase, el Partido Comunista chileno ha privilegiado la integración a la democracia parlamentaria por sobre una ruptura respecto a ésta. A partir del V Congreso de la Internacional, celebrado en la entones URSS, los partidos comunistas de todo el mundo priorizan la alianza con los socialdemócratas – antiguamente motejados como “social traidores” – formando los llamados “Frentes Populares” que, en los casos de Francia, España y Chile, se ampliaba a los partidos republicanos burgueses. Cuando la Unión Soviética fue invadida por los nazis, (1941), los Frentes Populares pasan a llamarse Uniones Nacionales, una alianza aún más amplia que abarcaba, incluso, partidos de derecha – en Chile, la candidatura del radical Juan Antonio Ríos Morales y, posteriormente, la de Gabriel González Videla -.


El historiador Mario Góngora escribió acerca de las planificaciones globales: la Revolución en Libertad, de Eduardo Frei Montalva; la de “con empanadas y vino tinto, de Salvador Allende; la del ultra neoliberalismo, de Augusto Pinochet, con la consiguiente destrucción del Estado y tiranía del mercado – de esta última visión de la historia de Chile surgen las obras, ensayos y otros escritos, sobre la crisis del modelo -. Como ocurre casi siempre en Chile, las adaptaciones de teorías extranjeras a la realidad nacional tienen algo de bastardas, por ejemplo, el corporativismo fascista neoliberal que se impuso en Chile durante la dictadura – y que continuó con los gobiernos de la Concertación – en muchos aspectos no cumple con las ideas de los padres fundadores del neoliberalismo, pues a F. Hayek no se le hubiera ocurrido jamás salvar a los bancos de la bancarrota, por el contrario, los hubiera dejado quebrar.




El Presidente de los mil nombres (Michel Martelly, Sweet Micky y últimamente Tet Kalé, el Cabeza Calva o simplemente El Pelado) está prácticamente huyendo hoy de Haití, dejando al país en la peor de las situaciones.