Sin duda la presidenta Bachelet cometió un error político al querellarse contra la revista Qué Pasa. Su decisión provocó lo que era previsible: la reacción corporativa de los medios de comunicación convertidos en una jauría rabiosa. Esto en circunstancias que su gobierno, y ella misma, se encuentran sumamente debilitados en materia de apoyo social y político. Encuestas recientes les atribuyen poco más de 20%. En síntesis, fue un paso en falso. La presidenta pisó el palito. Sin embargo, su decisión no carece de sentido. La política no es una obra de ingeniería, como aseguran algunos. No es una ciencia exacta ni sus protagonistas son robots. La hacen seres humanos cuyas iniciativas están impregnadas de intereses de clase, de ideales y pasiones, de codicia y generosidad, de heroísmo y cobardía, y todo eso influido, además, por la cultura -tradiciones y modo de vida- de sus pueblos.
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