Villa San Luis: Monumento Nacional.
Sr. Director:
EL señor Lavín se pregunta si la declaratoria de Monumento Nacional de los bloques sobrevivientes del San Luis significa que nadie puede tocar estos edificios.
Archivo periodístico 2005–2019
Villa San Luis: Monumento Nacional.
Sr. Director:
EL señor Lavín se pregunta si la declaratoria de Monumento Nacional de los bloques sobrevivientes del San Luis significa que nadie puede tocar estos edificios.
La larga lista de culpables del genocidio iniciado con el golpe del 73 ocupa muchas, muchas páginas. Parte de ellos están incluídos en la querella criminal que, en nombre de las agrupaciones de familiares de detenidos desaparecidos y de ejecutados políticos, presentáramos junto al inolvidable colega Alfonso Insunza. Es la causa judicial rol n° 12 – 2013 que lleva el ministro especial don Mario Carroza y que ya suma centenares de páginas en las que constan declaraciones de los más diversos personajes de la política nacional y de destacados investigadores internacionales.
Centenarios, bicentenarios, sesquicentenarios son ocasiones especiales que normalmente se celebran en gran forma. Como vivo fuera de Chile, me perdí la celebración que se hizo allá para el bicentenario, pero sí recuerdo con mucho aprecio el sesquicentenario allá en 1960. Yo entonces era todavía un “cabro de liceo” recién entrando en la adolescencia y para quien esos días fueron de descubrimiento, como que en esos días celebratorios en Ñuñoa con desfile en la plaza frente al edificio consistorial y con mucha pompa, me fijé que había una chica a quien vi en esas celebraciones y que me empezó a gustar. Bueno, estas celebraciones—aparte de su connotación de evento colectivo—también suelen encarnar profundos sentimientos personales.

Puede entenderse que aquellas chilenas o chilenos que no habían nacido todavía en 1973 o era muy pequeños a esa fecha, no relacionen con exactitud la situación que se vivía en nuestro país con la que ahora en el 2017 se vive en Venezuela. Pero las similitudes son más que evidentes y tienen lógica pues los actores en ambos casos, desde el punto de vista político y de clases, son los mismos y por tanto sus conductas son demasiado parecidas.
Quienes fueron detenidos y torturados por la dictadura militar tienen tomados siete locales del Instituto de Derechos Humanos en todo el país. Esta medida es el resultado de la falta de voluntad del Estado de Chile y de los sucesivos gobiernos para hacer justicia y reparar los crímenes de lesa humanidad que se cometieron durante la dictadura militar.
En Chile no se entregan pensiones dignas, lamentablemente afirmarlo no es ninguna exageración, como han podido comprobar dolorosamente nuestros mayores. La pensión promedio actualmente es de 208 mil pesos, una verdadera burla. Es un abuso con los trabajadores chilenos y peor aun, con las trabajadoras ya que los hombre reciben pensiones 30% mayores que ellas a igual fondo acumulado.
De hijo en hijo –bien nacido-, mientras nuestra Patria Continente América Latina y El Caribe viva, el eco de su nombre y de su heroico ejemplo estará presente y resonará en lo más viril y honrada de nuestras entrañas. “Oímos ruidos de cadenas que se rompen”, es el espíritu del luchador social, del libre pensador, del Prometeo del Pueblo Chileno, el compañero Presidente Dr. Salvador Allende Gossens que lucha por la liberación de su Pueblo.
Nicolás Maduro no es Salvador Allende. Ni es Hugo Chávez. Venezuela, además, no es Chile. Hasta ahí, las afirmaciones son de una trivialidad tal que podrían obviarse. Sin embargo, el paralelismo entre la revolución bolivariana y el gobierno de la Unidad Popular (UP), encabezado por el inolvidable presidente mártir, es enorme. Y negarlo, desconocerlo o soslayarlo es condición necesaria para desentenderse y adversar un proceso político contemporáneo sin la necesidad de replantearse viejos amores todavía vigentes.
La petición de perdón por parte de la Presidenta Bachelet al Pueblo Mapuche es un paso positivo, pero exige ser llevado a cabo por medio de un viraje político que permita cambiar las erróneas políticas del Estado de Chile con respecto a los pueblos originarios, en especial de los habitantes de la Araucanía.
El día que estuviste en Arsenal, mientras hablabas a las multitudes, yo conducía por las calles de Chicago, estaba en el trabajo y mi empleadora me había enviado a hacer un mandado, le puse los audífonos al teléfono celular y escuché vía Facebook tu reivindicación política; me tuve que estacionar de emergencia cuando presentaste al joven boliviano que trabajaba en el corte de verduras; lloré como niña, sentí que con él nombrabas a todos los jornaleros de todos los tiempos.