Es pura miseria humana la conducta de los gobiernos que pasan en puntillas para evitar confrontar la realidad que viven los miles de niños en instituciones que están a cargo de la supervivencia. En sector más frágil, el más delicado, en que no vota ni marcha, que sencillamente está esperando que algo suceda en sus cortas vidas.
Las olas crecen gradualmente, pueden ser de tamaño impresionante, alcanzan un culmen y después se desvanecen. Tras una ola sigue otra. La ola social de la que hablaremos no tiene la regularidad del mar. Pero en el presente y el futuro previsible es probable que tengamos nuevas olas sociopolíticas nacional populares (o populistas); las experiencias vividas no se mueren, no podrá haber una simple restauración al régimen neoliberal anterior.
La derecha brasileña ha engendrado el golpe en contra de los gobiernos del Partido de los Trabajadores (PT), pero ahora no sabe qué hacer con su gobierno. La izquierda ha producido a Lula y la derecha no sabe qué hacer con Lula.
Hace pocas horas, en una más de las manifestaciones convocadas por la oposición venezolana, se presentó e hizo uso de la palabra, escoltado por dirigentes de la MUD, Óscar Pérez, el terrorista que el pasado 27 de junio robó un helicóptero a punta de pistola, tiroteó y lanzó granadas contra la sede del Tribunal Supremo de Justicia.
La destrucción de un país –el más poblado y que tiene la mayor economía de América Latina– a raíz del golpe institucional del año pasado se da en varios niveles. Los que llevan adelante un plan macabro cuyo objetivo es arrasar todo lo conquistado en las últimas décadas, parte bajo los mandatos del presidente Fernando Henrique Cardoso pero muy especialmente bajo los de Lula da Silva y, mal que bien, preservados por su sucesora, Dilma Rousseff, no cesan de dar amplias y consistentes pruebas de que desconocen límites. Con tal de atender a la voluntad soberana de esa sacrosanta e invisible entidad llamada
Como agorero me he quedado corto. Hace algunos meses publique el artículo 
Apuntamos con el dedo, designamos casi sin lenguaje lo que asalta ostensible como una situación nueva ante nuestros ojos, desconocida para nuestra experiencia. Comparable en perversión con las torturas de la dictadura. Una atrocidad que no logramos nombrar. Ahí, cerca, en nuestra inmediación, ocurrió una atrocidad que nos roza y perturba. El perpetrador, aquel monstruo capaz de entrar en la cuenca de los ojos y desorbitarlos, ha estado frente a la puerta de nuestros hogares.
El máximo poder para abusar de los sin poder.
La literatura especializada de pensiones en Chile, aún cuando por mucho tiempo sometida al pretendido rigor de los beneficios del sistema privado de pensiones, desde 2016, identifica claramente problemas serios del sistema, que nosotros en el Movimiento llamamos estructurales.