
La indignación a causa de los incendios ocurridos en la avenida Champs-Élysées, en París, del restaurante Fouquets, prestigiosas boutiques y quioscos de prensa, así como las importantes pérdidas económicas de comerciantes, ¿pueden compararse al dolor y a la ira por un ojo perdido o una mano amputada? Esta es la cuestión que se plantean los franceses, buenas o malas conciencias. Pregunta que resuena en la prensa, la radio, la televisión, las redes sociales, los cafés, por teléfono, en la calle, mientras se hace cola en un cine o una panadería.




Algunos expertos opinan que la civilización cristiana occidental está desapareciendo. Si concordamos en que esta tenía como pilares el ejemplo moral de los símbolos Dios, Patria y Familia, que protegerían y guiarían nuestras acciones, podemos concluir que estamos más solos que nunca. Dios, Patria y Familia, en gran parte del mundo, y también en Chile, son actualmente patéticos remedos que sirven únicamente para dejarnos cada día más atónitos.
Cuando el presidente de Brasil, Jair Bolsonaro, apriete hoy en Washington la mano de Donald Trump, descartará que siete de cada 10 de sus coterráneos rechazan la política exterior de su Gobierno, servil a los intereses de Estados Unidos.
Ambos elementos del pensamiento son necesarios para impulsar el cambio a una civilización nueva; conocer hechos e interpretaciones.