
El fiscal Carlos Gajardo, a cargo de la investigación del PentaGate, viene de formalizar a las siguientes personas, en su mayoría, pertenecientes a la UDI: Carlos Alberto Délano y Carlos Eugenio Lavín, por delitos tributarios, sancionados en el artículo 97 no.4, y por el delito de soborno; Manuel Antonio Tocornal, por delito tributario; Pablo Guillermo Wagner, por cohecho y lavado de activos; Samuel Irarrázaval y Carlos Ramón Bombal, por delito tributario – el fiscal asegura que serían formalizados muchos otros personeros, incluso de la arista política -.

La mala memoria de los consumidores – algunos los llaman ciudadanos – permite que, al poco tiempo, escándalos que parecían apocalípticos en su momento amainen y, finalmente, sean olvidados para seguir con la rutina de actos sucesivos de mezcla entre el dinero y los políticos, como si nunca hubiera pasado nada.
Comenzamos el 2015 y nada ha cambiado en el mercado desregulado de las universidades. Durante este año, por fin, esperemos, la reforma en ciernes toque los vicios y estafas de la educación superior en Chile. Hasta el día de hoy, la fiscalía investiga por el delito de lucro a las siguientes universidades: Andrés Bello, Las Américas, Viña del Mar, la U. del Desarrollo, Santo Tomás, San Sebastián, Autónoma, Central, la Del Mar, UNIAC, SEK y Pedro de Valdivia, y la justicia se ve impedida de condenarlas, pues no existe una tipificación del delito del lucro, por consiguiente, no hay penas, lo cual incita a seguir engañando a los incautos.
Hipocritilandia, el país de los fariseos, está más nauseabundo que nunca. Por ejemplo, las castas en el poder ya no disimulan sus continuos robos – ¿para qué lo van a hacer si los pocos que votan son tontos, pues ni siquiera se dan cuenta que eligen a pillines? -. De las instituciones públicas, mejor ni hablar y la ciudadanía las desprecia a causa de su ineficiencia y que diputados pobretes se convierten, con celeridad, en riquetes, a costa del dinero de todos los chilenos, en vez de destinarse a la construcción de hospitales y escuelas. En pocos lugares se ha visto un pueblo más dormido y apático que el chileno y sus amos lo tienen completamente idiotizado, tal vez fumando “opio”, aconsejado por Camilo Escalona.
De lejos, la más significativa frase del año que expira la pronunció el senador Jaime Quintana, en marzo. La famosa retroexcavadora, tan vilipendiada por los conservadores de todos los pelajes, es absolutamente necesaria, a mi parecer, para emprender reformas estructurales que se adentren en temas centrales del modelo neoliberal, heredado de la dictadura y tan bien administrado por los sucesivos gobiernos de la Concertación, que nunca se atrevieron a modificar ningún aspecto del absolutismo cruel mercado de los Chicago Boys.
En el sistema neoliberal de educación en el cual estamos inmersos lo único que importa es la competencia – la educación es concebida como “un bien de consumo”, según las propias expresiones del ex Presidente Piñera -. Paradójicamente, en el mercado se da colusión de las Farmacias oligopólicas y, en la educación, se vive la lucha darwinista entre los “aptos”, los ricos, y los analfabetos funcionales, los pobres.
En Estados Unidos – la meca del capitalismo – los delitos económicos se pagan con cárcel y las multas aplicadas son equivalentes a tres veces lo defraudado. En esta cueva de ladrones de este Chile financiero no hay cárcel para delitos cometidos por “caballeros de cuello y corbata”, y las multas ascienden apenas a un tercio de lo defraudado. El financista que no estafa es un “gil” y, seguramente, se estancará en su carrera de ascenso económico en este país consagrado a “Mamón”.