A 26 años del asesinato del periodista José Carrasco Tapia sus colegas, amigos y familiares rindieron tributo a la memoria del dirigente gremial y político ultimado por la dictadura de Pinochet el 8 de septiembre de 1986.
Archivo periodístico 2005–2019
A 26 años del asesinato del periodista José Carrasco Tapia sus colegas, amigos y familiares rindieron tributo a la memoria del dirigente gremial y político ultimado por la dictadura de Pinochet el 8 de septiembre de 1986.
Harald Beyer, con apenas un 26 por ciento de apoyo según la encuesta Adimark publicada hoy, se ha convertido en el ministro peor evaluado del Gobierno de Sebastián Piñera.
Hay días que marcan a fuego a las sociedades humanas, fechas inscritas para siempre en la memoria de los pueblos. Archivos, documentos y monumentos registrarán aquel acontecimiento para las nuevas generaciones. Cada pueblo conoce y reconoce esa calendariedad que constituye, ni más ni menos, su propia historia.
La vocera de la Asamblea Coordinadora de Estudiantes Secundarios (ACES), Eloísa González, después de reunirse este jueves junto a dirigentes universitarios y con el ministro de Educación, Harald Beyer, dijo que el movimiento hará “una funa” a las elecciones municipales del 28 de octubre porque ha habido “una nula respuesta de la clase política” a las demandas estudiantiles, informó radio Bío Bío.
El ministro de Educación, Harald Beyer, se refirió a las tomas en los liceos, asegurando que el Gobierno no será flexible en cambiar las reglas del juego. Según informó La Tercera, el titular de educación fue enfático en señalar que no habrán leyes especiales para que los alumnos que estén por perder el año escolar lo salven.
Muy pocos ciudadanos estadounidenses saben que junto a la conmemoración de la tragedia del WTC en Nueva York, acá en el sur también tenemos razones para el recuerdo y la tristeza cada once de septiembre. Muy pocos recordarán que fue su propio gobierno, encabezado por Nixon y Kissinger, el que financió y preparó un golpe de estado un once de septiembre de 1973, en un pequeño país de América del Sur para derrocar a un gobierno constitucional encabezado por el presidente Salvador Allende.
Ocupaciones simultáneas de las sedes de los partidos políticos intentaron estudiantes secundarios y universitarios, en rechazo por la aprobación de la reforma tributaria en el Congreso. Solo las oficinas de la DC y el PPD resultaron tomadas exitosamente, mientras en el PC hubo violentos enfrentamientos. El caso del PS es diferente porque se lo tomaron los propios militantes de sus juventudes.
La Fundación Defendamos la Ciudad, ejerciendo el rol fiscalizador ciudadano que ha debido asumir para que las instituciones del Estado cumplan sus atribuciones legales, ayer recurrió de amparo en contra del Mineduc por negarse a entregar información pública solicitada conforme a la Ley de Transparencia respecto a los dueños de las universidades privadas constituidas después de 1980.
Si hubiera que narrar la historia de cómo se puede ser parte de un gobierno socialista (emblemático en el mundo, como el de Salvador Allende), militante de un partido de Izquierda (el Movimiento de Acción Popular Unitaria, MAPU), ser víctima del derrocamiento del gobierno por un golpe militar (y de los peores, el de Pinochet), caer preso o saltar el muro de una embajada, salir al exilio con las patas y el buche, y ahora -casi 40 años después- ser magnate, o al menos pujante empresario capitalista, habría que contar la historia de estos cuatro hombres: Carlos Fernando Flores Labra, Oscar Guillermo Garretón Purcell, Enrique Correa Ríos y Eugenio Leonardo Tironi Barros.
Salvador Allende gana cada día en el mundo mayor respeto y admiración. Su lealtad al pueblo se sustentaba en sus principios, en su ética, en su intransable consecuencia y su raro valor. Pero además hay un aspecto de su personalidad que sería injusto ignorar, porque significaría desconocer una continuidad histórica deliberadamente omitida.