
LA NEGOCIACIÓN CON los fondos buitre que le tocó encarar al gobierno de Mauricio Macri colocó en los últimos días a los estrategas en finanzas del macrismo en una situación incómoda. Los hasta ayer bien intencionados “holdouts”, a quienes Argentina debía reconocer la deuda y, sin muchas vueltas pagar, se convirtieron con el correr de las horas en personajes poco amistosos (“hostiles” fue la palabra utilizada por Etchebarne, cabeza del estudio jurídico contratado por Hacienda) y condicionantes de la estrategia de “retorno a los mercados” altamente sensible en la jerarquización de objetivos económicos dispuesta por Prat Gay.
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