«No se constituye una memoria nacional sobre la base de simples datos históricos; es necesaria una simbolización de lo ocurrido. Es lo que aportan los monumentos y museos nacionales. Ellos ofrecen una escenificación del pasado; no solo una relectura del pasado, sino una interpretación consagrada. … Construir una historia nacional implica «limpiarla» de toda encrucijada, eliminar las alternativas y discontinuidades, retocar las pugnas y tensiones, redefinir los adversarios y aliados, de modo que la historia sea un avance fluido que, como imagen simétrica, anuncie el progreso infinito del futuro»
Norbert Lechner. 2002. (1)
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