Discrepo totalmente de todas las fuerzas progresistas que están pintando a Lugo como “gran amigo de la democracia y de los cambios sociales” en América Latina. Lo que es real hasta cierto punto es que Paraguay participó en el Mercosur, colaboró con Brasil de alguna forma a favor de mayor ampliación de la participación en América Latina. Pero por otro lado firmó acuerdos con (el expresidente colombiano Álvaro) Uribe –el peor asesino de la región- para el entrenamiento de fuerzas especiales de represión; firmó acuerdos con el Pentágono para extender las operaciones estadounidenses en América Latina: reprime a los campesinos en los cuatro años que llevaba de gobierno traicionando las promesas que hizo en su campaña electoral. Para nada es un progresista. A pesar que Chávez, Evo Morales y todos los demás lo llaman un líder progresista, no es así. Asumir responsabilidades políticas sin capacidad de hacer lo que prometes en las elecciones es una forma de suicidio político. Eso pasó con Lugo. Hizo promesas, llegó a Presidente, se declaró impotente frente al Senado, termina colaborando y termina desprestigiado y echado por el poder. Es la fórmula que utiliza la derecha de poner progresistas en el gobierno, limitar su capacidad de actuar, desprestigiarlos y luego volver al poder. James Petras, Rebelión
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