
…y así, sentada en frente del espejo de su cuarto de baño (es decir, el cuarto de baño que se adhiere a la pequeña habitación matrimonial, también llamado nicho del amor) Laura estira las últimas hebras capilares que aún se rebelan en contra de las tenazas calientes. Hoy será día de fiesta, es decir, a Laura le han dado permiso (¡sí!) para apretar las carnes en un vestido que descubre poco pero es colorista, rojo italiano lo llaman, y salir a mostrarse como animal de exhibición. También hay zapatos de cuero, la bolsa utilizada en las más recientes confirmaciones de la parroquia y las últimas hebras capilares que aún se rebelan en contra de las tenazas calientes. Laura sonríe extasiada. ¿Razón? Hoy es el día de la madre, cosa que ella es dos veces y en un futuro próximo una vez más. Pero un momento. ¡Madre se es los trescientos sesenta y cinco días del año! sentencian los buenos críos que, como de costumbre, vomitan odio hacia todo lo que les sea impuesto. Desde luego que guardan silencio al destruir el papel de fantasía que cubre el maravilloso regalo de navidad (una predecible baratija, pero regalo al fin y al cabo). Sin embargo, hoy es el día de la madre, así que un saludo cordial y afectuoso a todas aquellas que como Laura se sientan en frente del espejo y estiran las últimas hebras capilares que aún se rebelan en contra de las tenazas calientes…
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