
El aniversario número 50 de la muerte violenta del presidente estadunidense John F. Kennedy nos arroja un secreto largamente guardado: tras el asesinato en Dallas, Fidel Castro envió un mensaje por canales discretos a Washington pidiendo reunirse con la comisión oficial que investigaba el magnicidio, para disipar los crecientes alegatos de que Cuba era la responsable. La comisión, encabezada por el presidente de la Suprema Corte de Justicia estadunidense, Earl Warren, envió a uno de sus abogados, el afroestadunidense William Coleman, en misión clandestina para reunirse con el líder cubano en un bote en el Caribe.




El ministro ecuatoriano rescata que el ex agente norteamericano que reveló el megaespionaje de EE.UU. fuera “leal a los principios de la ciudadanía global”, aunque sea requerido por la Justicia de su país.
Después de cuatro años de litigio judicial, la Corte Suprema de Justicia de Argentina declaró la constitucionalidad de la ley de servicios de comunicación audiovisual, al resolver al favor de la posición del gobierno de la presidenta Cristina Fernández de Kirchner, y contra los recursos presentrados por el Grupo Clarín.
La Agencia de Seguridad Nacional de EEUU (NSA) espió más de 60 millones de llamadas telefónicas en España entre el 10 de diciembre de 2012 y el 8 de enero de 2013. El rastreo masivo no afectó al contenido de las llamadas pero sí al metadata, es decir, números de teléfono, números de identificación de los terminales, localización, emisor, receptor y duración, lo que en la práctica es como si hubiera estado escuchando las conversaciones. El Gobierno hasta ahora había contestado con un “no consta” a la pregunta de si los españoles, como alemanes, franceses e italianos, habíamos sido espiados.