Sin mucha pompa, sin anuncios rimbombantes, como un tumulto venido de las sombras, una masa de campesinos se fue insertando en una Asunción sumida en su magra rutina. La población asuncena amaneció un lunes 4 de abril de 2016 con un ventarrón inesperado. Era un sorpresivo torrente que fue creciendo a medida que avanzaban las horas. ·Comenzaron a producirse los primeros atascos en el tránsito. Los asuncenos absortos sentían como que su espacio les fuera usurpado por quienes desde siempre debían estar invisibles. Tanto que su existencia no cabía en la consideración de su estrechísimo horizonte. La sorpresa de algunos era que ya estábamos en abril, y la acostumbrada marcha de marzo de todos los años, no podía ser. De cualquier manera, a nadie se le ocurrió que la nueva presencia campesina, tendría la dimensión y la tenacidad a la que fue llegando y a donde llegó.
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