La decisión del presidente electo Andrés Manuel López Obrador (AMLO) de cancelar la construcción del aeropuerto en Texcoco escaló la insurgencia plutocrática (Robert J. Bunker) y colocó en el orden del día la disputa por la hegemonía y el ejercicio del poder político. Con ello, y más allá de los mitos geniales acuñados por la ideología neoliberal y sus papagayos mediáticos, afloró una vez más la contradicción entre el cascarón de la democracia formal mexicana y la dictadura privada del capital.

Durante la recta final de la campaña presidencial de 2016 en Estados Unidos, la señora Clinton preguntaba insistentemente al público que acudía a escucharla: 

En un escenario cada vez más tenso, donde la crisis social se profundiza como evidencian las más de mil ollas populares organizadas en distintos barrios, los comedores públicos que funcionan incluso en escuelas cerradas por el gobierno provincial, en iglesias, en los barrios de menores recursos y el sistema de trueque que comenzó el año pasado en localidades de la provincia de Córdoba, se extiende a algunos municipios del conurbado, cuando estallan los escándalos de una justicia que está violando las leyes y la Constitución, al ser utilizada por el gobierno para perseguir a opositores.


