Discrepo de ello, pero las culturas de la mayor parte del mundo así lo consideran. Es claro en el mundo islámico. También en gran parte del África donde las mujeres no tienen derecho ni siquiera al placer sexual y para impedirlo son castradas por sus propias madres o abuelas. La “ablación” consiste en que a las niñas púberes se les corta el clítoris, los labios de la vulva y son cocidas dejándoles solo un orificio libre. En las guerras en el Congo, que impulsan las multinacionales para pelear por el coltan, imprescindible para la industria digital, las mujeres se llevan la peor parte. Los guerreros violan a las mujeres del enemigo, porque “les da fuerza” y los esposos o familiares de las violadas las expulsan de sus comunidades, dejándolas que sobrevivan como puedan, embarazadas y escondidas en las montañas. Hasta los años 50, en China, las abuelas quebraban los pies a sus nietas para impedirles el crecimiento y que así pudieran caminar con coquetería.
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