Don Sebastián Piñera, presidente de Chile y de los borregos, amigo de frecuentar los salones rococó, le ha hablado al país. Incluyamos a la cursilería y al fantoche, que añoran la dictadura y le encienden velones al sátrapa Augusto Pinochet. Ahora, sin temas locales, en demasía manoseados, don Piñera las emprende en contra de Nicolás Maduro, presidente de Venezuela. Le aconsejaron opinar de todo, sin detener la lengua, y si concurre al dentista, sería la única oportunidad, donde debe mantenerse mutis por el foro. No se ha lanzado en contra del bizarro Trump, el hacedor de bombas de papel picado y de nitrógeno, ni del gaucho Macri, rumbo a la bancarrota, quien canta: “Adiós pampa mía”, porque en silencio se aman.
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