Algunos creerán que cometeré la falacia de sobre-generalización al decir esto, pero me apropio de las palabras de un amigo mío que argumenta –de acuerdo a su experiencia– que la mayoría de los taxistas son fachos, o que al menos, simpatizan con ideas bastante contrarias a la democracia y a la libertad. “Es que varios de esos taxistas son milicos jubilados” me decía mi amigo un día domingo, con la boca llena de quiche, mientras yo asentía, recordando mis propias experiencias en la materia. “Estos cabros de mierda, en vez de estudiar andan hueveando”, “la Camila Vallejo es una huevona culeada”, “Estos maricones los mandaría a hacer el servicio militar”, son algunas de las citas citables que le he oído espetar a más de algún taxista capitalino. Pero hay excepciones. Por fortuna.
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