El 8 de enero de 2015 será otro día que el mundo recordará con la tristeza de ser nuevamente testigo de un atentado a la vida con el objeto de coartar la libertad de expresión. Fueron doce personas, doce trabajadores gráficos asesinados cruelmente, doce seres humanos dispuestos a perder la vida por defender el “sacro” derecho a expresarse. No sólo “Charlie Hebdo” y el país de la “liberté, égalité y fraternité” están de luto, el mundo entero lo está y la reacción que durante estos días hemos visto ha sido la aplicación, en este caso acertada, del viejo principio de los derechos humanos que reza, sin vacilaciones: “no hay libertad para los enemigos de la libertad”.
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